ESCRIBIR UN DIARIO NOS AYUDA A OLVIDAR LA ILUSIÓN DE TENER UNA VIDA PRIVADA
(ricardo piglia)

HAGO MI FICCIÓN PARA QUE SEA CIERTA
(pentti saarikoski)

lunes, 25 de abril de 2011

PAI#3: Lluvias

Hacia tiempo que no escribía tantas entradas en un mismo lugar. Pero es lo que tiene la soledad, que genera aburrimiento. Aquí sigo, sin saber que hacer, sin saber sin gastar estos últimos días de viaje en más sitios o exprimir este pueblo. Como dije, Pai es un lugar turístico pero bastante hermoso. Además, gracias a lo que otros pensarían como una desgracia, la lluvia que no deja de caer desde hace días, el pueblo se ha ido vaciando poco a poco. Para mi gusto es lo mejor que podía haber pasado, pues la soledad acompañada de la melancolía que produce estos días lluviosos hace que todo se vea bañado en una tristeza que me hace sentir, mas allá de lo que pueda parecer, bastante cómodo. Paso mis días leyendo, escribiendo, viendo la lluvia caer junto al río y disfrutando de mi mismo, que desde hacia tiempo no tenia esos momentos para mi. Es un tiempo en el que puedo ordenar mi cabeza y echar un poco la vista atrás sobre lo que han sido estos seis meses. Quien lo diría... seis meses que han pasado tan rápido que aun creo que estoy a punto de coger el avión que me llevo a Londres.

Por otro lado la soledad no es tanta. Primero estuve unos días con Igor, un donostiarra de puta madre con el que he estado compartiendo vueltas en moto por la zona, alguna borrachera y muchas conversaciones y risas. Y ahora estoy con otro grupo ibero-francés bastante agradable con el que las risas y los buenos momentos no son menos. Aunque tiendo a pasar mas días en soledad intentando disfrutando de mi mismo.

Al final uno se da cuenta que han sido tantas las cosas vividas que todo lo que se va te devuelve otros buenos momentos. Cierto es que nada ha sido tan especial como India... pero, insisto, no importa. Toda la gente con la que he compartido aunque sea uno solo segundo de este viaje tiene un lugar en mi corazón.

sábado, 23 de abril de 2011

PAI #2: Esperando el final.

De Chiang Mai salimos hacia Pai. Un lugar precioso en medio de las montanas. Un lugar turístico pero el cual pose una belleza increíble y una energía, que independientemente de lo que signifique esto, hace que me encuentre bastante cómodo.

Aquí llevo una semana, y a otra semana de mi fecha de regreso a Iberia estoy con dudas de seguir hacia rutas más turísticas, templos y demás historias, o quedarme aquí, hasta el día que tenga que volverme. Por otro lado, decir que desde aquí me separe de mi compadre Iñaki. La despedida no fue tan emotiva como fueron otras. Creo los dos compartíamos esa sensación de cansancio que puede llegar a darse entre dos buenos amigos que llevan dos meses viajando juntos... son muchas horas juntos, muchas camas compartidas, muchas historias. No importa. Iñaki es casi un hermano para mi y espero que se haya (soy un animal, no se si esta palabra esta bien escrita) encontrado con su mexicanita, si es que como creo fue lo que le hizo salir precipitadamente de Pai.

Hablemos de Pai y de lo que he hecho aquí. Para empezar, llegamos bastante cansados del Songkran de Chiang Mai. Pero con una inercia que no ha evitado que sigamos festejando un poco estos días. No hemos salido de manera tan salvaje como lo hicimos en el ano nuevo, pero algo se ha hecho. Especialmente fue el día de la final de la copa del rey. Se supone que nos habían prometido que íbamos a poder ver el partido, pero tras discusiones y una pelea dialéctica con un grupo de ingleses acabamos borrachos viendo el partido en la guest-house de un brasilero tres españoles y el brasilero por Internet.

Otras de las cosas que hemos hecho (sigo hablando en plural, porque aunque me ya no este solo de nuevo, es muy difícil o uno tiene que ser muy tímido para viajar solo y no conocer gente) es lo que va siendo un clásico, alquilarse unas motos e ir a dar rulos por la zona. En Tailandia las carreteras son otra historia. Muy atrás quedaron las carreteras de tierra de Camboya y las pistas mal asfaltadas de Laos. Tailandia es un país rico, que cuenta con unas carreteras de muy buena calidad, por lo menos aquí en Pai. Esto permite hacer largos viajes de más de 60km hacia lugares alejados del turismo. En estas visitamos aldeas, ríos, cataratas, cuevas, etc. En todos estos lugares sigue habiendo turistas, pero son turistas de otra calidad. No esa panda de niñatos que lo único que hacen es beber y beber, pelearse y hacer que son hippies durante unos días.

Nunca dejaremos de ser turistas, si no queremos sentir mejor podemos llamarnos viajeros... pero bueno por encima de todo hay una diferencia y cada uno debe buscar en que punto se siente mejor tratando de moralizar lo menos posible, por difícil que sea, ya que, el hecho de cogerse un avión ya es en si mismo una falta absoluta de moral...

Hasta la próxima, ya veremos si es desde Pai o desde otro lugar.

PAI #1: Poemas de Pai

Sigo en mis días solitarios escribiendo, como siempre lo hice, poemas tristes.

#1 desde donde digo adiós

Desde donde digo adiós
todo empieza
en un nuevo comienzo.
Desde donde digo adiós
es desde donde
no quiero echar
la vista sobre los pasos dados.
Desde donde digo adiós
nada importa,
todo el camino andado
no tiene
ni más luces
ni más sombras.
Desde donde digo adiós
es desde donde (me) encuentro,
un lugar cualquiera,
un lugar como tantos otros,
un lugar
que sin ser especial
es un lugar
en el que también
cada día
tiene-es un nuevo amanecer,
un nuevo comienzo.
Y aquí,
desde donde digo adiós
todas las certezas son olvidadas
pensando en ese YO
afortunado
por haber vivido,
por haber conocido,
por haber...

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#2 corazón solitario

ahí estas
en la otra esquina de este bar,
en esos ojos verdes que brillan.
Y yo, como siempre, pensando
que es a otro al que miras.
Esa es mi manera de esconderme.
Huyo, no de ti...
Huyo de mí, de mis certezas.
Esa es mi manera de ser.
Perderme,
buscando tus ojos,
buscando algo que no puedo comprender.
Mientras, el tiempo pasa,
entre tú y yo.
Mientras el adiós no se acerca
porque nunca se llego a dar el hola, finjo
ser
todo,
menos ese corazón solitario que huye
porque nunca aprendió
a ser de otra manera...

martes, 19 de abril de 2011

CHIANG MAI #3: Turismo perverso.

Como dije fui con mi compadre Iñaki a Chiang Mai para celebrar el Songkran, el ano nuevo Tailandés. También dije que era como la batalla naval de vallecas. Para los de Sevilla decir que es como la noche de San Juan en Lanjarón (Granada), si es que han estado alguna vez allí. Pero también a lo bestia. Algo que ya ha sido contado, ahora toca hablar del lado desagradable de estas ciudades tailandesas y asiáticas en general.

Después de varios días, tanto por la noche como por el día, bebiendo en la celebración del Songkran, tocaba al menos un día de descanso. Sin nada que hacer fuimos a ver a una chica que mi compadre, con más suerte o más insistencia que yo, había conocido a fondo en esta celebración. Para ir al lugar donde habíamos quedado tuvimos que atravesar la típica calle de bares donde putas y travestís se ofrecen a los turistas occidentales. Un lugar bastante desagradable y que a mi me produce nauseas. No por las mujeres y ladyboys, estas-estos quizás solo tengan este medio de subsistir y es el modo que han encontrado para poder salir adelante. Sobretodo los travestís, ya que, están bastante discriminados en esta sociedad tailandesa (como ejemplo de la discriminación, decir que en algunas empresas hay tres cuartos de baño...). Mas allá de todo esto, lo que me produce nauseas es ver a los occidentales, mayormente de origen anglosajón, con estas mujeres. Si uno se detiene en la calle a observar el juego que se produce es algo... no se, no me alcanzan las palabras para describir lo que siento.

En Camboya, de los sitios que visite, Siam Reap se lleva la palma. Un lugar donde lo único que hay que ver es las ruinas de Angkor. Pero que al mismo tiempo cuenta con una zona de bares tipo Khao San Rd, por supuesto con sus bares de putas. Además, según Iñaki, en la costa hay un pueblo donde la cosa va más allá, porque la edad de las prostitutas es bastante dudable. Algo que también, aquí en Tailandia sucede con bastante asiduidad.

Sin duda, la prostitución es algo que se da en todos los países del mundo y, quizás, el mejor modelo, por lo menos esta es mi opinión, es el de Holanda, donde es legal y la persona que se prostituye cuenta con los mismos derechos que cualquier otro trabajador. Pero es una pena que en algunos países la prostitución sea uno de los principales motores del turismo y se exponga sin ningún tipo de pudor.

Ahora estamos en Pai. Un pueblo de montaña, que al estar en Tailandia, inevitablemente también es un lugar turístico, pero que, por lo menos, hasta ahora no se han visto este tipo de zonas. Pero ahora no es momento de hablar de este pueblo, quizás en un par de días haga un primer post, pues, aunque todavía no lo he decidido, veremos a ver, estoy pensando en quedarme el resto de los días que me quedan en Tailandia. Pues no tengo muchas ganas de viajar y, desde luego, Bangkok no es un lugar en el que no quiero pasar más de dos días a lo sumo. Pero eso es algo que no esta decidido.

Por último, decir que los dos poemas que preceden a este informe, fueron escritos al mas puro estilo Bukowski, tras cuatro días de intensa borrachera, en su consiguiente resaca depresiva. Hacia bastante que no escribía poesía, desde que salí de India, por las razones que fuesen, sentí como si ella, la poesía, se hubiese ido, dejando tan solo unos diarios sin estilo ni forma que se iban escribiendo rápidamente.

CHIANG MAI #2: Dos poemas

sin propósito de belleza

con las manos manchadas
de todas las mentiras que me dije
trazo una línea, un camino de vuelta,
al sucio río donde todos los pecados
se van tras-con la corriente.

todo, en un intento
en saber cual de las afirmaciones
fue la primera
de las mentiras que me dije.

y, en medio del camino,
perdido en el
se sabe-se ha de saber
que en la vida no hay mas belleza
que la que no se pronuncia,
que solo en un mundo sin palabras
es cuando surge la verdad...

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silencio

buscando el silencio
la mirada se (me) pierde
en un torrente
de palabras huecas.
aturdido y confundido
busco el silencio,
la línea de fuga
de este sendero de sombras.
mentiras cotidianas
y verdades simuladas
que, pedazo a pedazo,
me van arrancando el alma.

sábado, 16 de abril de 2011

CHIANG MAI #1: Happy Songkran,

Como avance en la última entrega me encuentro en Chiang Mai, al parecer, según tengo entendido, la segunda ciudad más importante de Tailandia. Y como también dije hemos venido a celebrar el ano nuevo tailandés, el Songkran. La cosa dura tres días y va de miles de personas por toda la ciudad bebiendo y echándose agua por encima desde mangueras, cubos de agua, pistolas y todo lo que cada uno se pueda agenciar para mojar a los demás. Han sido unos días muy divertidos, la fiesta en su horario de día empieza a las once de la mañana y acaba sobre las ocho de la tarde cuando el sol se pone. Además hay varias carpas con Dj pinchando música de baile occidental y tailandesa. Lo mejor es ver a los tais bailando su música. A la noche hemos estado yendo a una zona de bares a seguir el jaleo y nos hemos venido acostando a eso de las seis de la mañana, es decir, como se notara en la calidad de este post, tengo la cabeza machacada y ganas de marchar a la siguiente parada. Un pueblo de montaña llamado Pai, en el que descansar.

martes, 12 de abril de 2011

LUANG PRABANG, MEKONG Y FIN DE LAOS.

Este va ser otro de esos breves resúmenes, no tengo muchas ganas de escribir, resaca, pero he de hacerlo antes de que se acumulen las vivencias y tenga que hacer un gran resumen de esos que nadie se lee. Además esta lloviendo y poco mas hay que hacer.

Pues eso, de Vang Vieng nos fuimos a Luang Prabang en un autobús por una carretera que serpentea por un precioso paisaje montañoso. Nos fuimos Iñaki y yo, lógicamente, y una chica alemana que conocimos. Al bajarnos del bus se nos unió otra chica francesa. Los cuatro nos fuimos a un home-stay regentado por Alec y su novia tailandesa Wina, un argentino amigo de un amigo de un amigo... Aunque el sitio podía ser un poco mas caro que otros hoteles del pueblo mereció la pena porque era estar como en casa. Cocinamos, bebíamos y fumamos buena hierba sin riesgo alguno de policía y demás pues era una casa y la policía no tenía porque venir.

Así, con estas, con la mente nublada por los poderes de la hierba de la tierra media, mientras que Iñaki terminaba sus papers yo y las chicas nos dedicábamos a pasear y turistear un poco. Luang Prabang es una ciudad turística que conserva casi intacta su herencia colonial. Paseando por sus calles si se dejan a un lado los templos budistas y demás, se puede tener la impresión de que se esta paseando por un pueblecito francés. Es decir, bonito, pero, para mí, poco interesante. El último día que se quedaron las chicas, ellas tuvieron salir antes que nosotros porque se les terminaba el visado, lo pase con ellas en un parque natural. Un precioso y artificial paraje con cascadas y piscinas naturales.

Lo mejor sucedió en nuestro penúltimo día. Una vez que las chicas se fueron, Iñaki, con sus papers terminados, se dedico a turistear por su cuenta, mientras yo a lo mío, a contemplar la nada nos fuimos a cenar a un restaurante laosiano una mezcla de barbacoa y fondue. De ahí nos fuimos a la feria que esta colocada por el ano nuevo de Tailandia y Laos. Nos montamos en los coches de coche de choque y nos tomamos unas birras. Con el morro calentito decidimos irnos a un beer-garden a seguir un poco con el jaleo. Desde el cumpleaños de Iñaki nos salimos y aquello más que una borrachera fue una enorme fumada. Pues eso, con una borrachera inesperada que poco a poco iba creciendo nos juntamos con unos lady-boys que nos intentaron llevar a lo oscuro pero no consiguieron más que unas sonrisas. De hay nos fuimos a una disco y poco mas puedo contar porque no me acuerdo. Al parecer cuando la disco cerró nos fuimos a tomar una sopa y la liamos parda con la gente que allí estaba. De toda la noche una de las cosas mas divertidas fue que mientras todo el mundo se movía en moto nosotros lo hacíamos en una bicicleta para los dos. Fue divertidísimo llegar al parking de motos, mirar al vigilante y aparcar la bici.

Tras un día perdido en una resaca nos fuimos dirección a Chiang Mai en Tailandia, lugar donde ahora nos encontramos celebrando el ano nuevo. Para llegar hasta aquí hemos cogido dos barcos lentos que remontaron el Mekong y un autobús. Pasamos dos noches en dos puebluchos de Laos, cuyo nombre desconozco, en los que no había nada que hacer más que tomarse un par de cervezas. El viaje en barco fue bastante interesante pero muy cansado. Ocho horas metidos en un barco que lentamente iba remontando el Mekong. El paisaje que ofrecía era de una belleza indiscutible que ya se vera en fotografías.

Ahora, para terminar, y sin extenderme mucho decir que estamos en Chiang Mai, una ciudad del norte de Tailandia, celebrando, como ya he dicho, el fin de ano. Ya contare de que va esto con mas detalle, solo decir que es como la batalla naval de Vallecas pero a lo bestia y en vez de un día, cinco o mas...

lunes, 4 de abril de 2011

VANG VIENG: La desturccion de la belleza.

Que decir sobre Vang Vieng cuando lo presento con un titulo como este... No se, es fácil hablar de un sitio como este. Lo primero es, para no deprimir al lector, hablar de las cosas buenas de este sitio.

A unos ciento cincuenta kilómetros de Vientiene se encuentra Vang Vieng. Un pequeño pueblo montañoso de una belleza increíble que poco a poco se ha ido, por razones que explicare mas abajo, en una de las Mallorcas de Laos (mis disculpas a los mallorquines cuando uso su isla para ejemplizar sitios como este). Valles verdes que me recuerdan al norte de España rodean Vang Vieng, con varias cuevas y varias oportunidades para hacer actividades de montaña, como escalar, treking, visitar aldeas rurales y demás.

Los primeros días fueron días frescos y lluviosos. Algo de agradecer, pues habíamos pasado mucho calor en la capital y necesitábamos algo de frío para reponernos del desgaste que produce el calor húmedo de estos países. En los primeros días poco hicimos, Iñaki seguía, y sigue, con sus papers, mientras que yo me dedicaba a contemplar un poco la nada y a dar paseos por el pueblo y sus alrededores. El tercer día de la semana que hemos pasado en Vang Vieng conocimos, en una mini marcha en bicicleta que hicimos, a una chica alemana que todavía sigue con nosotros de viaje. Con ella fuimos hasta una cueva y una piscina natural a pasar el día. Allí conocimos a una pareja de franceses con los que también compartimos algunos días. Con los que estuve escalando un día. Luego tuvimos un día de moto y otro de bici.

Todo esto, estando en Laos puede parecer normal. Las típicas actividades que se hacen en un lugar como este. Pero por desgracia no es así. Por desgracia, como decía antes, Vang Vieng se ha convertido en el LLoret de Mar de Laos. El principal spot turístico de este pueblo no es, como sucede en otros lugares del sur de Laos, la naturaleza. Su principal spot turístico es un desagradable cosa llamada el Tubing. Una mierda donde los blanquitos se suben a un donnut inchable y se tiran al río para emborracharse en los bares que hay en la orilla del río. No critico el hecho de que la gente se ponga fina, alguien como yo no puede hacer eso si no es demostrando un cinismo de lo mas rastrero. El problema es el de siempre, un problema bien conocido en España, un grupo de gente que acude en masa a hacer algo que es totalmente destructivo no solo para el medio ambiente, un precioso río que día tras día se llena de residuos plásticos, sino también para la cultural local. Occidentales borrachos y ruidosos, que sin ningún respeto por la enorme diferencia cultural que se da entre nosotros y ellos, caminando por el pueblo como si fuese suyo. Un pueblo que ha sucumbido a la ansia por el dinero rápido y un boom inmobiliario. Una pena, porque esta claro que esta gente tiene que tener una oportunidad par prosperar y el dinero rápido suele ser la vía mas corta para prosperar. Pero, una vez más, el problema es que los negocios que empiezan a florecer por Vang Vieng, en su mayoría, no pertenecen a gente de Laos. En su mayoría pertenecen a capital extranjero proveniente de Tailandia, expertos en hacer dinero del turismo más destructivo, y de China, expertos en hacer dinero de donde sea. Todo un panorama para la gente de Laos que, como me explicaba un chico de Laos que ha montado una ONG para ayudar a las minorías étnicas, ven como el precio del suelo y de las cosas básicas crece al mismo tiempo que sus salarios siguen estancados en lo que en occidente llamaríamos esclavitud. Lo peor de todo es ver la irresponsabilidad de jóvenes blanquitos correteando por la calle, ahora que están lejos de sus papas, como si nada de lo que esta en los alrededor de Vang Vieng fuese con ellos. Un problema de actitud que me ha hecho sentirme, por primera vez en mi vida, viejo. Viejo y treintañero.

Antes de terminar dos apuntes. Primero uno triste y desagradable y después otro alegre. La pareja de franceses con los que estuve escalando fueron al Tubing a ver el asunto y se compraron unos porros. Para su desagradable sorpresa apareció, como era de esperar, unos policías en busca de dinero blanco. Es decir, cazar a unos blanquitos y conseguir una paga extra para evitar la cárcel. En total fueron trescientos euros cada uno. Nunca he tenido nada que me pudiese meter en ningún problema en el bolsillo. Con esos trescientos euros se puede vivir un mes, y ahora estos chavales se tienen que dar media vuelta y volverse para casa. Además, si lo haces, si quieres comprar porros, puedes comprarte uno solo para evitar problemas de transporte. Pero si sigues haciéndolo, al último sitio al que debes ir es a sitios como este donde montones de policías corruptos están esperándote para que les des su paga extra de verano. Con todo esto lo único que quiero dar es una pequeña advertencia a quien quiera viajar por estos países. En alguno lugares más que otros se puede fumar. Pero cuidado, aquí no dejamos de ser dólares andantes y más para gente hambrienta y para policías corruptos.

Ya para terminar la nota alegre. Una de las cosas que mas me están gustando de Laos es lo agradable y amistosa que suele ser la gente. Un ejemplo de ello es la manera que tienen de decir hola: Sabai-dee (léase en ingles), que al pronunciar la última silaba te obliga a sonreír.

domingo, 27 de marzo de 2011

VIENTIANE: Esperando a los papers.

De las zonas rurales en las que hemos estado desde que abandonamos la capital de Camboya llegamos a otra, por llamarla de algún modo, gran ciudad. Vientiane, la capital de Laos. Lo que hemos hecho en estos días ha sido poca cosa, descansar y esperar a que Iñaki solucionase un tema suyo de curro. Poco que decir al respecto, ya que no me importo la espera porque necesitaba unos días de descanso. Aún así hicimos algunas cosas interesantes como visitar el Buda Park y algunos otros puntos turísticos. Pagodas y demás, lo mismo de siempre. Además aprovechamos para recomponer nuestros paladares occidentales visitando restaurantes de comida europea.

En las ciudades occidentales, la gente visita restaurantes asiáticos para buscar nuevas experiencias culinarias y en estos países sucede al contrario. Aunque lo que sucede realmente es que en los segundos, los restaurantes extranjeros están llenos de nostálgicos que buscan un poco de los sabores de sus casas. Eso si, lo que disfrute mas que nada fue encontrar una cafetería donde servían café de verdad, café de ese que coloca y da subidón. Nada que ver con esas cosas aguadas que suelen servir en el resto de los lugares que he estado hasta ahora. También, al margen de lo turístico, lo culinario y la movida de Iñaki estuvimos envueltos en temas burocráticos para obtener una ampliación de la visa de Laos y obtener la visa de dos meses de Tailandia. La segunda gratuita, la primera por el módico precio de unos pocos dólares.

Este ha sido un post corto. No se si alguien lo agradecerá, pero bueno poco tengo que contar sobre lo hecho en la capital de Laos.

martes, 22 de marzo de 2011

THA KHAEK y alrededores: más moto y más cuevas.

De la parada anterior en Pakse salimos hacia Tha Khaek después de un insufrible viaje de unas diez horas en un autobús local. Aunque las carreteras mejores que las Camboya e India, y peores que las de Tailandia, el viaje fue un tanto fastidioso. Yo andaba un poco de bajón. Cansado y con las tripas revolucionadas después de la comida local, no tuve un viaje muy agradable. Allí, en Tha Khaek, nos volvimos alquilar una moto para darnos una vuelta por la zona. En esta zona las cascadas son sustituidas por las cuevas. Pero todo dentro de ese turismo de aventura que Laos intenta explotar: naturaleza salvaje y caminos difíciles por zonas rurales. Esta vez la moto la alquilamos solo un día. Fuimos a ver la Buda-cave. Una cueva recién descubierta con cientos de estatuillas de Buda. Todo dentro de lo que une a todas las religiones: fe a cambio de dinero. Miles de platos con dinero para conseguir lo que quiera ser que necesite la persona que hace la ofrenda. Además, hay que sumarle el dinero que cuesta entrar a ver la cueva. Antes de esa parada paramos en otra cueva más pequeña pero de similares condiciones.

El camino en moto fue más agradable. No había que cargar con ninguna mochila y era tan solo medio día. Casi todo el rato por caminos asfaltados y con un tráfico casi inexistente. A la vuelta, tras devolver la moto, pudimos disfrutar de uno de los atardeceres más bellos que he visto desde que salí de India. A orillas del Mekong, divisando Tailandia en la orilla de enfrente, un sol anaranjado se escondía lentamente tras los edificios del país vecino. Luego lo de siempre, una cena y unas birras con la gente que conocimos en la guest-house. Unas birras y unos porros que me jugaron una mala pasada, ya que, al día siguiente desperté con una resaca que casi me fastidia la visita siguiente.

Tras, como he dicho, un mal y breve sueno, nos pusimos en pie a las seis y media para coger una mini van que nos llevase a un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Allí pasamos solo un día. Fuimos para ver una cueva de siete kilómetros de largo que hay que recorrer en barca. Un lugar acojonante en todos los sentidos. Por un lado asombraba su belleza Y, por otro lado, asustaba un poco, ya que estar en un río atravesando una cueva puede asustar a más de uno. De hecho un par de absurdas chavalas canadienses que conocimos se tuvieron que dar la vuelta.

En el pueblo donde dormimos fue un lugar de reencuentros. Llenos de originalidad, todos los guiris, porque aquí todos los pieles pálidas somos guiris, seguimos ya sea norte-sur sur-norte las mismas rutas, por este motivo en esta ultima parada nos encontramos con una serie de gente que habíamos conocido desde nuestra llegada a Laos en Don Det. Unos más simpáticos, otros más absurdos y otros, como las chicas canadienses, absolutamente idotas. Y a este respecto, ya que estoy hablando de las chicas canadienses, no por hablar de ellas en concreto sino por lo que representan quisiera decir unas palabras sobre el occidentalismo y el turismo.

Esta claro que nunca dejaremos de ser turistas. También esta claro que yo, cualquiera que me conozca lo sabe, no soy un ejemplo moral a seguir. Pero lo que nos diferencia a unos de otros es la actitud. Hay gente que exige los mismo derechos que tiene en su país y luego trata a la gente del país como simple sirvientes y en algunos casos como esclavos. Recuerdo en la entrada a Laos, después de ser estafados por la policía de frontera, los cuales nos pidieron tres dólares en total (uno la policía de Camboya y dos la de Laos) para ponernos el sello en el pasaporte. Si dinero ni se sale ni se entra. La mayoría de la gente accedimos a pagar, total apenas eran tres dólares, y nos quejamos un poco. Pero había una parejita de franceses que se quejaron excesivamente, llamaron a su embajada y tras que su embajador les mandase a la mierda, como es lógico pagaron. Todo esto mientras que el resto de la gente estábamos esperándoles para salir con el autobús. No se callaron hasta que Iñaki y yo les dijimos que cuanta gente de Laos o Camboya, después de que estos países habían sido colonias de su maravillosa y mierdosa republica podían ir a su país con las mismas facilidades que ellos lo estaban haciendo y que si querían montar un cirio para luego pasar por el aro que se callasen la boca porque nos habían hecho esperan un rato al sol por su gilipollez. Luego están los que hablan a gritos a la peña y les exigen tener un nivel de ingles adecuado, cuando ellos no hablan una mierda del lenguaje local. Y por no hablar de los turistas, de esos que en España estamos muy acostumbrados, que solo vienen de puterío y alcoholismo...

Hoy, a pesar que he dormido de puta madre y que mis tripas parecen estabilizarse he necesitado poner estas confusas palabras. A diferencia de India, en estos países vienen mucho más turistas de este tipo. A la India también van, pero tienen otra ruta. Estos países son mas pequeños y aunque se intente evitar los principales lugares donde estas personillas se reúnen haciendo de estos países lo mismo que ha pasado con Mallorca, antes o después te cruzas con ellos y tienes que escuchar, no solo sus historias sino también ver como se creen alguien por haber estado tres semanas en un país sin haber tenido contacto, y sin siquiera haberlo intentado, con la gente local nada mas que para ser servidos.

Lo siento, esto es solo ha sido un desquite. Hoy hemos llegado a Vientiane, aunque esto es una ciudad, a pesar de lo que puede conllevar, nos vamos a quedar unos días a descansar. Esta última semana ha sido muy rápida. Muchas actividad. Demasiada para mi gusto...

viernes, 18 de marzo de 2011

PAKSE y alrededores: moto, moto, moto...

Antes de comenzar el informe sobre estos últimos días me gustaría dar un apunte sobre Don Det, la parada anterior, ya que ahora tengo la cabeza despejada de mariguanismos. Para empezar, decir que Don Det es un buen sitio. El problema es la gente que visita estos sitios, los típicos que se tiran veinte días tumbados en una hamaca veinte días y creen que han visitado otro país. Ni siquiera yo creo que dejo de ser un turista que visita de pasada los países. Pero, como dije, se pueden hacer cosas interesantes además, claro esta, de fumar un poquito. Entre todo lo que hicimos que no he contado, cabe destacar el día antes del cumpleaños de mi compadre Iñaki. Esos días fuimos a visitar el sector del sunset y allí conocimos un grupo de chavales de esos que no hacen otra cosa que fumar porros durante días y días. Eran chavales majos, a pesar de su actitud, y entre todos ellos destacaba un francés que se había tirado dos meses en la isla trabajando en una granja ecológica por el mero placer de hacerlo. Había estado dos meses en la misma guest-house, y ahora que se marcha de vuelta a Francia, la familia que le había dado alojamiento le había preparado una fiesta de despedida. Trajeron a un monje para la celebración y nosotros fuimos invitados. Comida gratis y porreteo también gratis. Una suerte. El rito, lo que recuerdo del el, consistía en unos cánticos y rituales en la que la gente se colocaba unas pulseras y se deseaban suerte para el resto del ano. Fue interesante. Y eso es todo lo que quería contar para aclarar que la estancia en Don Det ni fue tan terrible, ni fue tan fuemteada.

Ahora al lío, a explicar estos últimos días. De Don Det cogimos una minivan hasta Pakse. Aquí pasamos una noche y al día siguiente alquilamos una moto para recorrer los alrededores. Del primer día solo destacar lo absurda que puede llegar a ser la gente dondetiana. En la isla conocimos a unas francesas, de esas tipo princesa, cuando las volvimos a ver aquí, y nos dijeron que no sabían montar en moto las invitamos a pasar los días con nosotros. Ni dijeron que si ni dijeron que no. Cuando terminaron la cena, se marcharon sin decir nada. Aparte del evidente rechazo, cosa que puede molestar a cualquiera, fueron las formas. Pero, aunque, dado lo rebuenas que estaban, nos hubiese gustado echar un polvo con ellas, me alegro que decidieran no venirse y no insistiesen en ello. Como se vera mas adelante, la aventura fue demasiado dura como para tener que soportar las quejas de dos absurdas princesitas de medio pelo que se creen alguien por ser francesas y por estar buenas.

Al día siguen de ser ignorados de la peor forma posible nos pillamos una moto y salimos hacia nuestra aventura. Con toda la carretera por delante, la primera parada del día la hicimos, como no, en una catarata. Laos, al igual que Camboya, esta haciendo un buen trabajo. Excepto lugares como Don Det y una parte de Vang Vieng, en su mayoría están explotando el turismo ecológico y de aventura. La vista de las cataratas era preciosa, unos cien metros de caída del agua en dos puntos diferentes. Yo estuve en uno de los puntos más altos de las cataratas y pude asomar el hocico y ver su verticalidad. Impresionante, no hay más palabras.

Después de eso, nos aventuramos hacia el Bolaven Plateau, una enorme meseta desde la que se pueden disfrutar varias y variopintas vistas. El recorrido esta sembrado de plantaciones de café y de, como no, otra vez, varias cascadas. A pesar de haber varias plantaciones de café, cuando decidimos para a tomarnos uno, nos dieron un nescafe. Cosas de la globalización. La tarde avanzaba y nosotros como si nada. Mas preocupados por comer y disfrutar del camino que de darnos cuenta que estaba atardeciendo. ¿Y qué paso? Pues eso que la tarde se convirtió en noche. Además para más detalle, el depósito de gasolina estaba en las últimas. Ahora me río, pero en el momento mi cabeza pensaba en buscar un sitio donde dormir en medio de la nada, sin comida, sin saco, y con apenas agua. Intentamos entablar conversación en un poblado y con la gente que nos encontrábamos por el camino, y digo camino, porque a eso no se le puede llamar carretera. Pero nada, las barreras idiomáticas y la noche. Nosotros, con la única luz de una luna casi llena y la luz de la moto, seguíamos y seguíamos camino alante, atravesando incendios controlados, por llamarlos de un modo, ya que aquí, cuando se acerca la temporada de lluvias le prenden fuego al monte para que después de la lluvia crezca mas pasto para el ganado. Sin alarmarnos y con el buen trabajo de Iñaki al manillar, por fin nos aproximamos al primer pueblo. Serian las ocho de la tarde y como en el pueblo, que ni siquiera sale en el mapa que tenemos, porque es un simple cruce de carreteras con una para de autobús, estaba casi todo cerrado. Antes de decidir seguir adelante por una carretera normal, pero sin iluminación, intentamos buscar un sitio donde dormir y cenar algo, ya que, estábamos reventados. Nos costo bastante hacernos entender, y si no hubiese sido por un chaval que nos acompaño hasta el único sitio que había en el pueblo, cuyo cartel estaba escrito en Lao, imposible de comprender para nosotros, no hubiésemos llegado. Tras las formalizaciones, también nos fuimos a cenar al único sitio que estaba abierto. Ambos, tanto el hotel como el restaurante dejaban bastante que desear. Pero era lo que había y nos los quedamos. El primero era una casa normal en la que nos dejaron un cuarto sin preguntarnos nada a cambio de lo que serian cinco euros. En el segundo solo nos ofrecieron arroz blanco frió, una lata de sardinas y un par de huevos duros para cada uno. Aún así, el asqueroso menú me supo a gloria, aunque mis tripas no pensaron lo mismo.

Tras una mala noche en una incomoda cama, sin poder ducharnos tocaba ponerse en marcha. Una cagada en un sucio baño y de vuelta al mismo restaurante. Donde apenas nos dieron un café y unas insípidas galletas. Tras esto, decidimos volver a la meseta a ver por donde habíamos andado por la noche. Algunos incendios estaban aun en activo y visitamos un par de impresionantes cascadas. Después volvimos a la carretera y decidimos saltarnos una etapa para descansar un poco después del palizón del día anterior. Antes de llegar al pueblo donde teníamos pensado parar, nos detuvimos a comer en un bar de carretera. Y como no, otra vez mas cascadas... ¡¡¡joder!!! Laos y sus cascadas. Allí nos quedamos un rato sin hacer nada, intentando ligar con unas chicas locales que impresionadas por nuestras barbas y nuestra pinta de hippies intentaron hablar con nosotros. Pero ni ellas hablaban ingles, ni nosotros hablamos lao. Una pena. Tras el descanso, ya por carretera fuimos hasta Sekon el pueblo donde decidimos parar a dormir. Serian las tres de la tarde cuando llegamos. Nada que ver con el día anterior, ni por la carretera, ni por la sensación de estar perdidos. En el hotel que pillamos, gracias a Shiva, nos pudimos duchar. Aunque el hotel también dejaba mucho que desear. Eso si al menos, esta vez solo nos cobraron un pavo y medio a cada uno. Además por la noche contamos con la visita de un par de ratas que intentaron apoderarse de los restos de comida de nuestra basura. De la cena de ese día no tengo nada malo que decir. Dado que se trataba de un pueblo medianamente grande, la oferta era mucho mayor que la noche anterior. Con todo, comimos en un hotel un buen plato de Tai-Pai y nos fuimos a sobar la reventera que llevábamos. No sin antes comprar las galletas que sirvieron de cena a nuestras compañeras de cuarto. Dos ratas mucho mas amables y simpáticas que las ratas francesas (si lo se, se que hay resentimiento).

Al día siguiente, día de hoy, habiendo dormido uno mejor que el otro, y tras un buen desayuno emprendimos la vuelta a Pakse. Otra vez por una buena carretera, que nos ha hecho olvidarnos de los caminos polvorientos del primer día y de las carreteras por las que circulamos en Camboya, sin prisas pero con ganas de llegar dado el cansancio, parando en algún pueblo que otro para tomar café y comer algo y en, para variar, otra cascada, hemos ido hasta uno de los peores sitios que he visto hasta ahora en todo mi viaje incluyendo todos los países y lugares en los que he estado. Pensando que iba a ser un buen sitio, hemos ido hasta una reserva natural, hemos pagado la entrada y lo que nos hemos encontrado ha sido un puto zoo humano. En medio de la nada, con inversión extranjera, una empresa también extranjera ha montado un resort al rededor de una cascada. El sitio además de su evidente artificialidad ofrecía la vista de la cascada, un caro restaurante y un museo étnico. Y ese es el zoo humano: hacer fotitos a los indígenas. Lo peor de todo es que habían juntado a varios grupos étnicos diferentes, cada uno en su cueva-jaula, todo para el deleite del turismo. Una delicia. Asqueados y cansados, hemos pillado la moto y hemos llegado, otra vez con el depósito al pelo, hasta Pakse. Donde me encuentro escribiendo esto, sano y salvo.

Dos ultimas cosas antes de terminar. Primero, chapo, o como se escriba, por Iñaki, yo no he sido capaz de conducir la moto. A pesar de que he conducido moto en mi adolescencia, cuando llevo a alguien me emparanoio mucho. Si voy solo y me caigo, pues es mi problema. Pero cuando llevo a alguien... la cosa cambia. Segundo, estamos enteros y de puta madre. Se que hay gente que le puede preocupar lo que acaba de leer. Pero que no se preocupen, aunque algo alocados, somos bastante responsables. Estas son las aventuras que se recuerdan, las visitas a los museos pasan muy rápido al olvido.

La aventura sigue, mañana al norte...

lunes, 14 de marzo de 2011

DON DET: Cuatro mil islas en el Mekong.

Una vez se cruza la frontera de Laos y Camboya el primer sitio lógico a donde ir es Don Det, uno de esos sitios, como tantos otros, que se centran en la oferta turística para hippies y mochileros. Esto quiere decir que básicamente lo que se puede hacer aquí es playear en el río, fumar porros y beber cerveza. Y básicamente es lo que hemos hecho.

Al principio éramos tres, ahora somos dos. Nadiuskita nos ha dejado. Hace unos días se marcho a Bangkok para gastar sus últimos días en Tailandia a su bola y aquí en Laos nos hemos quedado Iñakito y yo. Después de que Nadia marchase, nos pillamos, como no, unas bicicletas y estuvimos dando vueltas por la zona. Pero el calor es tan insoportable que apenas hicimos nada. Y es lo poco que tengo de contar de este sitio en cuanto a lo que hemos hecho. Cada día que pasa, estoy más metido en el viaje y tengo menos ganas de escribir... además, la resaca por el cumpleaños de Iñaki no ayuda nada. El aire es caliente y pesado, poco se puede hacer desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde que empieza el atardecer. Atardecer que sigo visitando, pero que no fotografío, por no tener cámara propia y gasto la de Iñaki. Como dije, ya pondré unos enlaces en el blog con todas las fotos que hemos estado haciendo.

Para concluir decir que este lugar es un poco una mierda. Se esta bien, pero es de esos sitios en que no se siente la sensación de estar en Laos. No deja de ser uno de esos resorts para fumetas y la población principalmente es turista. Los de Laos que están por aquí, en su mayor parte están para currar para nosotros.

Bueno, nada más. Me doy cuenta que cada vez estos absurdos post son peores y con menos contenido. Ya llegaran los días de antes…

martes, 8 de marzo de 2011

BAN LUNG: Tierra roja

Hoy es mi última noche en Camboya, y antes de hacer el resumen de estos últimos días quisiera volver a decir que tampoco voy a poder poner fotos, la cámara sigue como esta, sin pilas. Pero que no se preocupe nadie, pronto pondré unos enlaces con todas las fotos de este viaje, tanto las de India, como todas las demás, de uno de esos álbumes picasa.

En esta ultima parada en Camboya hemos hecho poco mas o menos lo mismo pero algo distinto [same same, but diferent]. El primer día lo dedicamos a descansar y a organizar la llegada a Laos. Después de doce horas gastadas en tres autobuses locales, pocas ganas teníamos de hacer nada. Así, con esas nos dedicamos a buscar buenos sitios para comer, los billetes de autobús y los alquileres para las motos de hoy. Dimos varias vueltas y en todos lados nos ofrecían el mismo precio. Al final, uno de los chicos de la guest house nos confeso que esta todo acordado para que no allá batallas desleales por el precio. Algo que me parece muy bien, aunque seamos nosotros, los turistas occidentales, los que salimos perdiendo.

El siguiente día fuimos andando, en una marcha de cinco kilómetros hasta un lago, otro nombre que no he sido capaz de memorizar, maldita memoria y raros nombres en un extraño idioma. Pero da igual, ya lo veréis en fotos, el sitio es increíble es un lago que sea formado en el cráter de un volcán inactivo y que es sagrado para no se que tribu de la zona. Allí nos dimos unos baños y pasamos un par de horas.

El mejor día ha sido el de hoy. Nos hemos alquilado unas motos y hemos ido hasta un rió. Allí nos hemos pillado unas barcas y hemos ido hasta una aldea tribal. Hemos pasado allí unas horas y hemos visitado su cementerio. En la aldea no he podido dejar de sentirme como si estuviese visitando un zoo. Hemos pagado el derecho de visita al jefe tribal y hemos estado paseando por la zona con un matrimonio checo y sus conductores de moto, los cuales nos han estado explicando las características de la tribu y de la zona. Lo que si ha sido bastante interesante ha sido el cementerio tribal. Algo totalmente opuesto a lo que estamos acostumbrados a ver en occidente. Pequeñas construcciones de madera donde cada matrimonio es enterrado. El segundo en morir es el encargado de construir su propia tumba para el y para su pareja. Y en vez de llorar, la tribu hace una celebración de tres días por el muerto.

Me gustaría ser más extenso en lo que estoy contando. Pero van a cerrar el restaurante donde solemos cenar y lo primero es lo primero. Además vuelvo a decir lo mismo, estas cosas son mejor vivirlas. Recomiendo a todo el que me este leyendo que si tiene la menor oportunidad de venir a Camboya que no dude en hacerlo y utilice lo aquí contado como guía en su viaje, intentando llegar mucho mas allá de lo que yo lo he hecho. Camboya es un país increíble lleno de gente amistosa. A pesar de su reciente negra historia se esta abriendo al turismo y lo esta haciendo de una manera muy aceptable. Por esto mismo, antes de que las ansias de dinero conviertan a este país en otra Tailandia, hay que venir a visitarlo, porque es lo que ha sucedido en el sur, en su lugar e costa, y en la ciudad cercana a Angkor, Siem Reap, donde esta ya todo corrompido. Phnom Penh, no deja de ser una capital, y como todas, es como es. Pero una vez se sale de Siem Reap y el sur, lugar que no he visitado, el país cambia y se entra en un mundo que vuelvo a recomendar para ser visitado.

La historia sigue en Laos...

jueves, 3 de marzo de 2011

SEM MONOROM

En este post tampoco voy a poder colgar fotos. Las pilas de la cámara se me acabaron hace una semana y por estas latitudes las pilas son un producto de lujo, son demasiado caras y estoy esperando en llegar a algún lugar más turístico para encontrarlas más baratas. Pero no os preocupéis, queridos amigos lectores, uno de mis compañeros de viaje esta haciendo un montón de fotos que esta colgando en un álbum de picasa y en poco tiempo pondré el enlace para que se puedan ver no una, sino cientos de fotos.

Bueno al lío...

Desde Kratie llegamos a Sem Monorom y aquí hemos estado cinco días de los cuales solo hemos parado un poco hoy para descansar. El primer día Iñaki y yo nos alquilamos unas bicicletas, Nadia estaba un poco mala del estomago y se quedo en la guest-house descansando. El paseo fue bastante entretenido, pero tremendamente cansado. Me acorde mucho de Palomeque y del Pipoñeko, mis habituales compañeros de bicicleta. Creo que les hubiese gustado mucho el paseo. Visitamos unas cuantas cataratas, las cuales estaban un poco secas, dada la época del ano, pero aun permanecían bastante hermosas. Es lo cojonudo de viajar. Aunque las cosas parezcan similares, siempre se encuentran diferencias. Agradables diferencias. También, a lo largo de esta marcha, visitamos unas aldeas donde viven una de las minorías étnicas (maldita e innecesaria expresión) de Camboya. La gente, ya que no están muy acostumbradas a la presencia de occidentales en sus tierras nos miraban con asombro. Me imagino que se preguntarían que cono están haciendo estos dos idiotas subidos en unas bicis por aquí. Idiotas o no allí estábamos. La marcha siguió hasta que el calor apretó demasiado y decidimos ir de vuelta a la guest para estar con Nadia y comer algo.

El siguiente día con Nadia un poco recuperada nos alquilamos unas motos y fuimos un poco más lejos. Fuimos a otras cataratas, esta parece ser la región de las cataratas. Debido a las características del terreno, hay montones de ellas a lo largo del transito del río. La que visitamos esta vez se encontraba a unos 35 kilómetros, razón por la cual pillamos las motos. Allí conocimos a Nina y a Mot. Una chica alemana y su guía local. Dos personas bastante agradables y de buen trato. Con los que hicimos planes los siguientes días. Después de las cataratas nos dimos unos baños en el río y fuimos hasta una plantación de café donde comimos y disfrutamos de un exquisito café local que nada tiene que envidiarle a de casa. Mas bien al contrario. Tras esto volvimos al hostal, nos duchamos, ya que estábamos de polvo hasta las orejas, ya que aquí las carreteras no son de asfalto si no de arena. Tras la ducha una buena y copiosa cena, unos billares con los trabajadores del hostal y de hay como piedras a la cama.

Los siguientes días fueron los mas interesantes, no solo aquí si o en todo el sudeste asiático. Con Nina y Mot, planeamos hacer un treking. Mot seria nuestro guía por un precio bastante inferior que el que suelen ofertar la mayoría de los centros oficiales de turismo. Aunque este tipo conocía los lugares a visitar bastante bien, de manera inmejorable, le faltaba un poco de logística. De todas formas, más allá de esos pequeños fallos, el paseo fue inmejorable. Visitamos varias, como no, cascadas, cuevas, y diferentes lugares a medida que íbamos atravesando la jungla. Algunos videos que en un futuro veréis, os lo garantizo, habrá risas. Como adelanto, os cuento que comimos arañas de río. Todo un manjar no apto para personas delicadas. Después de varias horas andando llegamos a una granja donde vive una familia formada por el matrimonio y sus ocho hijos para pasar la noche. A pesar de la infranqueable barrera lingüística, ya que esta familia pertenece a la misma minoría étnica del pueblo al que Iñaki y yo llegamos con las bicicletas, su hospitalidad fue inmejorable. Y aunque dormí como bastante incomodo en la hamaca que fui cargando durante la marcha no tengo nada que reprocharle a esta familia. Los niños eran la hostia, jugaban con nosotros y mostraban, a pesar de su timidez, bastante interés por nosotros. El matrimonio iba mas a lo suyo, parecían un hombre y una mujer que llevan una vida bastante dura y aún así tienen tiempo de sonreír a un grupo de turistas, por mucho que lo queramos nunca dejaremos de ser turistas, que aparecen por su casa. Allí cenamos un simple plato de arroz con vegetales y carne y tras una conversación acompañada de licor de arroz nos fuimos a la cama.

El día siguiente fue bastante mas duro. La marcha de vuelta era mucho mas larga, el calor apretaba bastante y, ya que había, como he dicho, dormido fatal, tenía un terrible dolor de cabeza. En el día anterior la marcha tenia mas paradas. En este caso, había solo una. El mismo sitio donde comimos y nos bañamos en un río con un salto de unos diez metros, el cual, por supuesto, hice. Tras esta parada y nuestro pequeño almuerzo seguimos la marcha. Esta vez, para mí, no para otros, la marcha fue mas tranquila. El dolor de cabeza había desaparecido y, gracias a la comida y al subidón de adrenalina que me dio el salto de diez metros, me encontraba bastante bien. Tras dos horas de marcha llegamos al punto donde nos recogieron para llevaros de vuelta al pueblo y de ahí de nuevo a la guest. Allí nos duchamos y cenamos.

Tras la cena, recibimos la visita de Nina; Gary, un francés que también nos acompaño a la marcha; y de Sebastian y Anna, una pareja que esta hospedada en el mismo hostal que Nina. Aquí nos acompañó una chica austriaca que esta hospedada en la misma guest-house que nosotros. Todos juntos nos tomamos unas cervezas e intercambiamos aventuras e información sobre los sitios que habíamos visitado. Una de esas agradables veladas que siempre, antes o después, surgen entre viajeros. Nuevos amigos que nunca sabremos si volveremos a vernos, buena gente que sigue escribiendo en el libro rojo.

Seguro que me he olvidado de un montón de detalles. Es difícil escribir en poco menos de una hora sobre todas las cosas con todos sus detalles que nos han sucedido en estos días. Pero bueno, estas cosas se viven. Cantándolas uno siempre se deja algo y ficciona otras. Aún así, han sido unos días cojonudos...

sábado, 26 de febrero de 2011

KRATIE: A orillas del Mekong.



Ayer llegamos de la capital de Camboya a Kratie, pequeña localidad que se encuentra a orillas del majestuoso Mekong y hasta ahora, esperando que la cosa no sea definitiva, por lo que me queda en el país, el mejor sitio de Camboya. La ciudad, por su tamaño, a pesar de ser una capital de provincia, en occidente la llamaríamos pueblo, en si no tiene ningún atractivo. Este se encuentra en sus alrededores.

En cuanto uno sale de los lugares turísticos principales y empieza a buscar por uno o unos mismo los lugares a visitar, se toma con las cosas que yo considero son las realmente interesantes. Sin duda alguna, lugares como Angkor son increíbles y de visita obligada. Lo mismo sucede con el museo del genocidio de Phnom Penh. Pero siempre en un viaje hay que tratar de ir más allá y buscar, aunque nunca lleguemos a encontrarlo del todo a no ser que apostemos muy fuerte, lo que se esconde a los ojos de los occidentales. Algo parecido nos ha pasado hoy en Kratie.

Por la noche dejamos, mas bien dejaron, yo no me encontraba en mi mejor estado, las cosas preparadas. La ruta más o menos hecha y el alquiler de las motos que hemos pillado cerrado. Algo indispensable para llegar a donde hemos llegado, ya que los paquetes turísticos no van mucho más allá de la primera parada del día, la cual es el principal articulo que hache se vende. La cosa es ir a ver, si se dejan, unos delfines de agua dulce que se localizan por las aguas del Mekong en estos lares. Hasta hache se puede ir en tuc-tuc, que es lo que se suele ofertar, o alquilándose una moto o una bicicleta e ir más allá que es lo que hemos hecho.

Como decía la mañana ha empezado visitando la zona de avistamiento de los delfines. Una actividad cara. Siete dólares por persona y una hora en un bote para intentar verlos. Verlos, lo hemos visto. Pero no ha sido muy espectacular o, al menos, tanto como me esperaba. Casi que el rato en el barco a primera hora de la mañana, a eso de las ocho, ha sido mas interesante que lo poco que hemos visto de los delfines. Ha habido momentos en que se veían bastante, pero la porción del cuerpo y la distancia a la que los veíamos me han decepcionado un poco.

Lo mejor del día ha venido después. Con las motos hemos seguido por carretera, hemos visitado uno de los templos más grandes de Camboya. Mas de lo mismo en estos cuatro meses de viaje por Asia, nada especial. Lo especial esta en las reacciones de la gente al vernos. Mas allá de Angkor y su capital, Camboya esta mucho mas aislada de lo que pensaba. Quizás allá lugares tan turísticos como Angkor donde los occidentales podamos pasear sin llamar la atención, pero este desde luego no es uno de ellos. En Kratie, si que se nota cierta indiferencia hacia nuestra presencia, pero después del templo hemos cruzado el río en ferry con las motos y hemos ido hacia unas aldeas donde nuestra presencia ha sido la novedad de la semanaza. Algo de lo que hablar en las pequeñas aldeas de la zona durante un tiempo. No quiero decir ni mucho menos que hemos sido los primeros occidentales en llegar hasta allí, eso es ya casi imposible en ninguna parte del mundo, pero no paraban de saludarnos desde la carretera y, en un momento que nos hemos parado a preguntar si íbamos en la dirección correcta, todo el pueblo se ha quedado para observarnos. Ya hablare, el como observan las gentes de Camboya en un resumen final como el que hice de India. Solo decir que si alguien viene por Kratie que busque mucho mas allá de la actividad de los delfines, se llevara una grata sorpresa.

Por ultimo decir que no he hecho fotos. Las malditas pilas. Pero Iñaki ha hecho unas cuantas y ya colocare algunas. También se que sigo sin escribir bien, lo digo como si alguna vez lo hubiese hecho, pero ya volverá el de antes. La excusa de los batidos mágicos ya no vale. Hoy le toca cargar con las culpas al calor y al cansancio. Mucha moto. Os dejo la única foto que tengo de la zona... como no su atardecer, un atardecer hermoso, solo comparable con el de Hampi en la India.

jueves, 24 de febrero de 2011

PHNOM PENH #2: Batidos magicos.









Ayer, pasado el mal trago de la visita al museo nos dimos un paseo por el centro de la ciudad en pos de hacer un poco de turismo más clásico y amable a la vista, pero que tanto detestamos los que hemos formado este pequeño grupo. Para hacer la visita más divertida, Iñaki y yo, Nadia declino inteligentemente nuestra invitación, decidimos bebernos un happy shake de mango. Que, que es un happy shake? Fácil un batido de marihuana (¿te acuerdas paloma de los especial lassy de la India? pues lo mismo).

Lo malo de beberse estos batidos es que uno no sabe muy bien cuanto y cuando le va subir y le va hacer efecto. Depende de cada persona y del momento en que se encuentre, lo que hay comido, lo cansado que este y demás. Pues nada, a Iñaki el batido, y eso que bebió la mitad de lo que yo bebí, le tardo poco en subir. Al mismo tiempo que yo estaba escribiendo los post de ayer, el estaba pajareando en el bar de la guest house donde estamos durmiendo. Mientras escribía, yo permanecía como si nada y a él se le oía decir tonterías. Después de ese pajareo y que yo terminase de escribir, compartimos un poco de pajareo y nos fuimos los tres a comer a un restaurante india que hay en la misma calle donde esta la guest-house. Fue en ese momento, cuando termine de comer, cundo el batido mágico hizo su aparición estelar. Ansia de mi, como iba a compartir el batido con Iñaki, le dije a la camarera que hiciese un batido de los very happy, no uno simplemente happy. Pues eso, quien sepa de que van estas cosas se lo imaginara. Un globazo de los buenos, en los que emparanoiado, alucinando un poco con los ruidos y algunas otras cosas mas misteriosas, como estar convencido de que éramos cuatro y no tres (todavía tengo que encontrar al cuarto, jejejeje), y otras lindezas de este tipo, me pase buena parte de la tarde noche tirado en la cama flipandolo hasta que me quede dormido y hoy he despertado un poco espeso.

Más allá de estas cosas que algunos y alguna miraran con envidia, y otros miraran como una estupidez, la visita a Phnom Penh ha sido más agradable de lo que pensaba. En general los camboyanos son gente agradable y amistosa. Los comerciantes son un poco pesados con sus tiendas, del mismo modo que los conductores de tuc-tuc y los camellos, pero no son tan agobiantes como lo son los de la India. La ciudad, sin dejar de ser, con todo lo que conlleva, una capital de un estado. Pero esta poco poblada, unos dos millones o algo más de habitantes. Lo que la hace poco agobiante en comparación con otras capitales. El calor te destroza, mas si tienes una resaca de batido mágico, pero si no fuese por esto, por el calor, se podría caminar perfectamente por la ciudad. Lo único que hay que tener un poco de cuidado al cruzar algunas calles principales porque están invadidas de motoristas que no tienen mucho cuidado con lo que uno esta haciendo.

Esta ciudad, ya que Siem Reap, es la principal atracción turística de la ciudad, me recuerda un poco a lo que me gusto de la India. Gente sencilla y amistosa que trata de acercarse a ti para saber un poco de tu vida. Esto no llego a sucederme en Tailandia y aquí, en Phnom Penh, ya me ha sucedido varias veces. Se agradece esta cordialidad por parte de los locales, es una de las pocas maneras que hay de acercarse a ellos. Porque en muchos casos, si eres tu el que se acerca no se lo toman tan bien.

Sé que estos dos últimos post no están demasiado bien escritos. La culpa, principalmente del calor y, secundariamente de los efectos posteriores del batido que me tienen en una espesura... lo siento.

miércoles, 23 de febrero de 2011

PHNOM PENH #1: La guerra la maldita guerra.

Para esta entrada no he querido poner fotos por las razones que iré explicando a medida que el texto vaya avanzando, aunque el titulo se explica por si mismo.

Ayer por la tarde llegamos a la capital de Camboya. Después de un viaje de autobús, tras la experiencia tailandesa, en el que pudimos volver a disfrutar de la mezcla entre camboyanos y turistas. Eso es algo que siempre se agradece. En India era imposible no mezclarse entre los indios. Es mas, algunas veces, sobre todo en los autobuses, he sido el único occidental en el viaje. Por contra en Tailandia, en los tres únicos autobuses que he pillado, no había ningún tailandés en el viaje. Ahora, en Camboya la cosa no vuelve a ser tan radical como en India, pero los turistas estamos en minoría. Que por que prefiero esto, pues porque creo que en eso consiste viajar. En mezclarse un poco con la vida local, por absurdos y estúpidos que resultemos todos los guiris entre los nacionales. Lo demás es turismo.

En el día de hoy, hemos ido a sacarnos las visas para Laos. La razón principal por la que estamos en Phnom Penh. Iñaki ya ha estado aquí dos veces y, a Nadia y a mi, las ciudades nos resultan incomodas. Después de hacer todo el papeleo nos hemos ido paseando hasta el museo del genocidio. Razón por la que he decidido no poner fotos en la entrada de hoy. En la próxima entrada sobre la capital de Camboya, me extenderé más comentado la ciudad y colgare algunas de las fotos que estoy haciendo. Aun así, decir que el lo poco que he visto me ha gustado mucho mas de lo pensaba. Una ciudad grande, siempre las capitales son grandes. Pero no demasiado poblada, unos dos millones de personas. La gente parece tranquila y amistosa. Me recuerda un poco más a la India que a Tailandia. Y me encuentro mejor en ella.

El museo, el horrible y necesario museo del genocidio. Esta no ha sido una visita demasiado agradable, pero es necesario y casi obligatorio que cualquier persona que se pase por Phnom Penh visite este museo. Sin extenderme demasiado, en parte a mi ignorancia, en parte por el espacio, decir que la historia reciente de Camboya ha estado bañada en sangre. En la década de los setenta el general Pol Pot y los jemeres rojos hicieron la revolución al mismo tiempo que cometían uno de los genocidios mas horribles de la historia de la humanidad, cualquiera que quiera saber mas que visite la wikipedia o cualquier otro sitio de Internet donde le puedan informar mejor que yo.

Este museo esta para recordar las detenciones, torturas y asesinatos que se cometieron en el mismo lugar donde se sitúa el museo. Es mas, el lugar se conserva tal y como quedo después de que el régimen se terminase. El centro de detención S-21 se construyo en un centro de enseñanza de la capital de Camboya. Allí se llevaba a los detenidos y se les torturaba para que confesasen. Muchísima gente fue llevada allí. En el museo se exhiben muchas de las fotografías de los detenidos, algunas antes y otras después de la tortura, y de los muertos que no lograron superar la detención. A los detenidos se les mantenía en las peores condiciones de vida, atados a una cama y recibiendo, entre otras cosas, descargas eléctricas para que confesasen. Aparte de las palizas y otras formas de tortura que prefirieron no contar, las cuales se exhiben sin pudor en el museo. En algunas de las celdas, construidas en las antiguas aulas, aun se pueden observar gotas y manchas de sangre. De todas las personas que pasaron por este centro de detención tan solo quedan siete sobrevivientes. Así mismo, las tumbas de los últimos catorce que murieron en el centro, también están en el patio del museo.

El museo exhibe sin pudor los sucesos que allí se cometieron en nombre de una revolución y una concepción, como todas, arbitraria de la libertad. Fotos de los detenidos, pero también de algunos que tuvieron que trabajar allí. Gentes de campo que se tuvieron que unir a la revolución por no perder sus vidas y las de sus familiares, que sufrieron el fanatismo de una elite en el otro lado, que veían morir a sus compañeros de trabajo por negarse a aceptar las órdenes.

Se que quizás lo aquí contado allá quedado muy en el aire. La razón es que este no es un tema muy agradable de contar y, como tantas cosas que suceden en un viaje, es mas sencillo vivirlas que contarlas y mas recomendable vivirlas que leerlas. En el museo uno se siente incomodo. La energía del lugar no es muy agradable. Uno puede imaginar con facilidad lo que allí se vivió en el final de la década de los setenta. No es algo fácil sobre lo que escribir, si se quiere hacer bien y con respeto. Y sobre respeto, memoria y madurez histórica, me pregunto para cuando un museo como este sobre los crímenes de guerra durante la guerra civil y los crímenes del franquismo en especial durante los anos cincuenta.

sábado, 19 de febrero de 2011

SIEM REAP #2: Calor... mucho calor.

Después de nuestra obligada visita a las ruinas de Angkor, en las cuales hemos realizado el mayor gasto en Camboya, decidimos quedarnos unos días más para esperar a Inaki. Todo el mundo que suele molestarse en leer este blog sabe quien es, pero, por si existe el extrano caso de que haya alguien que lea este blog y no sea de mi circulo de amigos, solo decir que Inaki es un amigo de la infancia, nos conocemos desde los doce anos y seguimos en contacto de verdad, es decir, solemos vernos bastante a menudo. El empezó su viaje por Asia hace dos meses, mas o menos, por Vietnam y ahora nos hemos encontrado, como ya he dicho, por tierras camboyanas.

Como es lógico Inaki está en estos momentos realizando la visita a las ruinas. Poco más se puede hacer por esta ciudad que merezca la pena, que no sea beber, fumar o, si eres uno de esos pervertidos hijos de p... que deberian estar encerrados en la carcel mas chunga y jodida del mundo, irse a buscar sexo con menores. Esto último sucede, y no sucede en lugares oscuros a los que hay que acceder en extranas condicones. Sucede a ojos de todos en un par de clubs nocturnos. Una pena. Ya se veía también por Tailandia y según Inaki, en la zona playera del sur de Camboya sucede mucho más que aquí. Por desgracia en los países pobres la corrupción, en todos sus niveles y formas, es, no más frecuente que en los modernos países occidentales, pero sí más visible. Normal esta gente sobrevive con un suelo mensual mínimo que es inferior al coste de la entrada de tres días para Angkor. En estas condiciones es normal que accedan a cubrir y cumplir las perversiones de los blanquitos occidentales que vienen a gastar más del dinero que esta gente gana en un ano en un para de semanas sin ni siquiera sufrir por ello. Este es, por desgracia, el mundo que el capitalismo de la libertad y el progreso y sus excesos ha construido. Un mundo que por mucho cerrar los ojos no va dejar de existir.

Pero dejemos los temas desagradables. Qué sucede con Nadia y conmigo que seguimos en un lugar como este, en un lugar donde el turismo, más tradicional y más corrupto, es lo único que se puede hacer, en un lugar que todo gira, excepto las ruinas de Angkor, en una zona que es conocida oficialmente como pub street, todo un ejemplo para explicar en dos palabras lo que explicaba en el parrafo superior. Pues no lo sé. En un principio nos habíamos quedado un día más para estar con Inaki y hoy decidiriamos que es lo que haríamos. Pero Nadia, la pobre Nadia, se ha levantado con un principio de enfermedad. Un poco de fiebre y un aspecto un poco lamentable. Es algo normal, ya debía tocarle. Lleva poco más de dos semanas de viaje y es normal que, antes o después, uno, una en este caso, se ponga mala. El cambio de alimentación, el de temperatura, los nervios y demás historias que hacen que una caiga. Ya le pasó a Paloma, que sólo estubo veinte días, y al regresar a Espana cayó enferma nada más llegar. Por todo esto no sé que va ser de nosotros en los próximos días. En mi opinión, aunque sea una putada, ya que no hay nada que hacer, sería esperar a que mejorase.

Hoy es domingo, a Inaki le quedan dos días más de visita, y si Nadia no da senales de mejora. Algo se puede hacer por la zona, el problema es que todo resultaria caro. El modo de funcionar de Camboya es con Dollares americanos y Rieles, la moneda oficial del país, al mismo tiempo. Es curioso, pero cuando uno va al cajero a sacar la pasta, le da Dollares. Y, si ya es dificil acostumbrarse a una nueva moneda, imaginarse con dos. Para explicarlo rápidamente, decir que los centimos funcionan en Rieles y lo demás en Dollares. Aún así, gracias al Euro, y aunque en nuestra querida Espana nos haya jodido al encarecer todos los precios, cuando salimos fuera siempre salimos ganando. Pero bueno, a lo que iba que me voy por las ramas. Las opciones de movimiento mochilero, es decir, las opciones de movimiento en las que se gaste el mínimo dinero posible son escasas. Aquí está todo preparado para eso, para ir a las ruinas y el resto del tiempo gastarlo en la zona de bares con cerveza barata y todas las drogas y perversiones imaginables, y eso es algo que no me apetece hacer. Un par de cervezas a la noche está bien, pero poco más. Además el calor es incrible y agoviante. No sé cual es el número que marcara el termometro pero sumado a la humedad pocas ganas de moverse le entran a uno. Si no se tienen las cosas claras lo más fácil es caer en la desidia durante el día. Pasarse todo el día esperando que llegué la noche, para ir a cenar y tomarse un par de cervezas o intentar ligar con alguna estúpida guiri, sin olvidar que yo, nosotros los espanoles, también somos estúpidos guiris, que esa gracioso nombre que se se inventaron los andaluces para definir a los británicos y demás turistas del norte de europa, también es aplicable del mismo mod en nosotros. Todo un paronama de entretenimiento y emociones fuertes. En mi caso no es problema, llevo casi cuatro meses de viaje y de vez en cuando no vienen mal unos días de pereza y no hacer nada. lo jodido es lo que le toca a Nadia. Enferma, con este calor, sin nada que hacer, todo el día encerrada en la habitación. Espero que mejore pronto. Ya veremos a ver lo que sucede durante el día, aún es pronto para tomar una decisión.

jueves, 17 de febrero de 2011

ANGKOR: Cuando mi ignorancia se hizó realidad.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En este caso no puede ser más cierto. Los últimos tres días lo hemos pasado en las ruinas de Angkor y yo, no puedo decir absolutamente nada sobre nada que este relacionado con ellas. Puedo explicar como me he sentido y demás pero sobre la historia de la civilización, que hasta este nombre desconozco, no puedo decir nada. Podría haberme preparado la entrada consultando la wikipedia o alguna página similar pero, para ser sinceros, no me apetece nada. Por eso dejo ese trabajo para quien quiera saberlo, ya sabéis, consultar por vosotros mismo el sitio que consideréis más adecuado y recrearos con las fotos que he hecho. Las primeras son del amanecer, que, curiosamente, las hice el primer día, y las últimas del atardecer, que fueron hechas el último día. ¡Qué cosas!.





















miércoles, 16 de febrero de 2011

SIEM REAP #1: Llegada a Camboya.

Ayer salimos de Bangkok, en otro de esos maravillosos viajes de agencia. De esos que te hacen sentir como un nene de colegio, y en los que sigo pensando que solo nos faltan nuestras madres esperándonos en la calle, bien para recibirnos, bien para despedirnos. Pero bueno estamos en el viaje y desde luego, aunque no deje de hacerlo, me quejo lo justo y sabiéndome afortunado de lo que estoy viviendo.

La llegada a la frontera transcurrió con normalidad. La cosa se alargo un poco, lo justo para que intentases colárnosla, sin conseguirlo, diciéndonos que si hacíamos la visa por nuestra cuenta lo mismo teníamos problemas y perderíamos el autobús. Nada más lejos de la realidad. Al llegar a la frontera la oficina de la visa estaba casi vacía, ya que casi todo el mundo, o bien traía la visa hecha de Tailandia, o bien accedieron a la vía fácil que les ofrecieron a mitad de camino. Lo primero es inteligente, pero lo segundo es de idiotas ya que tardamos poco más de diez minutos en hacer las visas y la cola real estaba en el momento en que el pasaporte debía ser sellado. Nosotros como buenos españoles, con nuestros cojones y ovarios, nos colamos de por lo menos de veinte personas, mientras que se escuchaban varias quejas sobre nuestra cultura en ingles, con la excusa de que teníamos que estar con las personas con las que habíamos viajado desde Bangkok. Algo totalmente innecesario ya que tuvimos que esperar una media hora el autobús.

Las fronteras, cuando las cruzas a pie son curiosas. Nunca lo había hecho. Y aparte de todo el papeleo y demás mamoneo, si te fijas en lo que te rodea se pueden ver muchos detalles. Principalmente las diferencias entre los dos países que comparten frontera, donde Tailandia sale ganando por goleada a Camboya. El segundo claramente es un país mucho mas pobre. Es mas parecido a India en muchos aspectos, la simple y visual pobreza, peores carreteras, peores medios de trasporte, peores condiciones de vida y esos pobres niños que se tienen que echar a la calle por si dando pena a los turistas extranjeros logran obtener unas monedas para alimentar a su familia. También uno puede percibir la corrupción, extraños choques de manos entre la policía y gentes variadas, transportistas, agentes de viajes y otros con peor aspecto. Nosotros estamos aquí, queramos o no, para hacer turismo, pero no tenemos porque dejar de ver estas cosas y mirar para otro lado.

De la frontera nos llevaron a una estación de transportes privados especial para los turistas donde nos siguieron tratando del mismo modo. Éramos nosotros los que teníamos que comprar nuestros propios billetes que ya habíamos pagado en Bangkok. El guía nos dio el dinero y nos pidió que fuésemos nosotros. ¿Por que? fácil, porque el recibe comisión si se hace de este modo. Muy elegante todo.

De la estación, tras una hora de espera, nos llevaron a Siem Reap, con las correspondientes paradas en los sitios concertados. Esto no es de extrañar, sucede en todas partes. El paisaje del sur de Camboya es plano. La expresión ancha es castilla seria muy valida también para esta zona. Me recordaba el trayecto de autobús que hay entre Madrid y Despeñaperros, pero como seria en los anos cincuenta.

Al llegar a Siem Reap, nos toco la última. En vez de dejarnos en el centro turístico como nos prometieron desde la agencia de Bangkok, nos dejaron en una estación de buses en las afueras de la ciudad donde los conductores de tuc-tuc nos estaban esperando como quien espera un plato de comida después de una larga jornada de trabajo. Fuimos de los pocos, pero no los únicos, aunque esto no es ningún consuelo, que caímos en la trampa de uno de ellos. Quien no nos engaño con el precio y las condiciones del hotel, pero si con la proximidad del hotel del centro turístico, ya que esta a un buen trecho andando. Algo de lo que, no se si para autocomplacerme, he acabado alegrándome. El centro turístico es un Kahos San Rd (el horrible centro turístico de Bangkok) en chiquitín. Un lugar llamado Pub Street con la misma cantidad de bares, guest-houses, drogas y demás servicios únicamente para el turista occidental u occidentalizado. Donde estamos esta en un sitio feo, aunque el hotel esta de la hostia, con poco que ver pero en el centro de la vida camboyana. El primer sitio donde cenamos, una excelente sopa de ternera, solo había cinco occidentales y tres de ellos éramos nosotros (en el bus conocimos a Josu, un chaval de Bilbao que anda viajando solo por el sudeste asiático y que se a unido a nosotros en esta parada). Algo que después de la experiencia tailandesa se agradece bastante.

En esta ciudad que yo sepa hay poco que hacer, a diferencia de la India no tengo ni libro ni guía de viajes y no se muy bien por donde moverme. Tampoco me importa, mi experiencia reciente me ha ensenado que siempre se conoce a gente que a viajado mas que tu, que en mi caso, por estas tierras, no es muy difícil, que te pueden dar buenos consejos. Lo único y esencial que si se puede hacer es visitar las ruinas de Angkor. Algo a lo que le vamos a dedicar tres días. Hoy ha sido el primero, y, a pesar el tremendo calor, ha sido una pasada. Miles de fotos, miles de cosas por ver y recordar. Excepto una, la puesta de sol. Una maravillosa y hermosa puesta de sol vista por todos los turistas que estábamos en Angkor pasando nuestro primer día. La puesta era irrepetible, pero la masificación ha sido muy incomoda. Había que pelearse por hacer las fotos. Nada, algo que, recordando aquellas puestas de sol que he vivido, en especial las de Hampi, por recordar la que mas me ha gustado e impresionado, donde lo mejor era la poca gente que había, no me ha dejado un buen sabor de boca.

En la próxima entrada, si la velocidad del internete del hostal, la cual es gratis, me deja colocare las mejores fotos de Angkor. Eso si que nadie pretenda que recuerde el nombre de los templos y edificaciones varias que voy a visitar en tres días.

lunes, 14 de febrero de 2011

TAILANDIA EN FOTOS

En las entradas anteriores no pude poner fotos. Ahora que puedo, pongo las fotos que en su momento quise poner y no pude. Espero que os gusten. Las siguientes serán de Camboya, donde espero dar con el pequeño duende verde.


LA FOTO MáS BONITA, LA PRIMERA... UN REGALO PARA LOS OJOS.


ESCALADORES EN ACCIóN EN Ao Ton Sai.


INCREIBLE TORRE DE PIEDRA ESCALABLE VISTA DESDE EL BARCO-TAXI DE Ao Ton Sai.


LOS MONOS DE TAILANDIA SON DIFERENTES A LOS DE LA INDIA.


LAS CABAÑAS DE Ao Ton Sai.


CIELO MORADO TRAS EL ATARDECER EN Ao Ton Sai.


ATARCEDER EN Ao Ton Sai.


VISTA DE LA PALYA DE Ao Ton Sai.


ATARDECER EN BANGKOK.


UNA SIESTECITA EN MEDIO DE LA CALLE DE BANGKOK.

sábado, 12 de febrero de 2011

AO TON SAI: El paraíso tiene peaje.

Hace una semana salimos de Bangkok. No he podido escribir antes porque en Ao Ton Sai conectarse a Internet salía muy caro y no quise hacerlo... hay que economizar. Así, por eso tengo muchas cosas que contar.

En Bangkok conocí, entre otras personas, a una pareja de chavales de Barcelona que estoy muy contento de haber conocido, Neus y Face. Dos grandes de los grandes. Dos soles que iluminaron mis días grises en Bangkok con los que surgió una amistad que espero que dure en la península. También, no me puedo olvidar, la llegada de Nadia. Otra grande. Pero eso cualquiera que la conozca ya lo sabe.

De Bangkok, a diferencia de la India salimos en un autobús fletado únicamente para turistas. Aquí somos todos guiris. No solo los rubiales. Todos, desde el más rastudo y el más punki. Pues eso, nos pusieron una pegatina en el pecho y nos metieron en un autobús. Era como volver al colegio, como si nos llevasen de campamento. Solo faltaban nuestras madres en la parada del autobús despidiéndonos. Que mal me sentí. Luego fue casi que peor. Entre la gente que pareció asumir su papel de chaval de instituto y no le importaba el trato que recibía y que el aire acondicionado estaba estropeado y nosotros estábamos sentados justo debajo de la maquina. Aquello parecía una ducha. El agua goteaba sobre mí, y por no mojarme y porque no podía dormir por las gotas que intermitentemente caían sobre mi decidí echarme sobre el suelo del bus y dormir. Fue la mejor idea que tuve. Dormí placidamente, mientras que el resto de la gente se apretaba sobre sus asientos, y tuve un bonito sueno. Es lo que tiene ser tan canijo, que se puede estar casi en cualquier parte.

Pero mereció la pena. Al llegar a Krabi, gracias a una argentina, que conocimos en el bus, salimos pitando hasta el centro del pueblo, porque ella sabía como ir y nos ahorramos el mamoneo con los conductores de taxis y tuc-tuc que estaban esperando para sacarnos los cuartos. Desde el pueblo cogimos un coche compartido que nos llevo al puerto y de hay a la bahía de Ao Ton Sai. Un paraíso en el que hemos estado una semana.

Al principio no fue todo tan bonito. Al venir de la India, los precios me parecieron abusivos, sentí que eso que para disfrutar de un lugar tan increíble había que pagar peaje, y estuve un par de días un poco entristecido sin saber que hacer. Pero poco a poco me fui adaptando y logre encontrarme en mi lugar.

El sitio es increíble. Una Bahía a la que solo se puede llegar por barca o atravesando una jungla que, lógicamente, dos blanquitos cargando con sus mochilones no pueden hacerlo muy fácilmente. En la playa nos pillamos una cabaña en medio de la montaña y disfrutamos del calor húmedo más insoportable que he sentido en mi vida. Un lugar verde, con cientos de mosquitos que nos comían vivos y arañas del tamaño de mi mano. No es tan terrible, que nadie se asuste. El lugar es increíble. Una pasada. Es un paraíso de la escalada deportiva, con vías a pie de playa de todos los grados. Un lugar al que me gustaría volver pero mas preparado, con alguien que escale y con nuestro equipo propio. No como fui esta vez que solo me lleve los gatos que Paloma me llevo a la India, los cuales están tan hechos mierdas que cuando escale me dejaron unos.

Aparte de escalar poco más se podía hacer en Ao Ton Sai. El calor del día lo frenaba todo. Y quien me conoce ya sabe lo que yo disfruto las playas, sabe que a mi eso de estar tirado en la arena sin nada que hacer poco me gusta. Aunque algo se podía hacer. Se podía ir a visitar las playas cercanas, las cuales fueron destrozadas por el tsunami de hace unos anos, se podía subir a un mirador, nadar, alquilar cayacs, nadar bucear. Es decir, las típicas y caras actividades playeras que, como he dicho, poco me gustan.

Pero la mayor sorpresa de esta semana sucedió un día que estaba soportando el calor de la tarde en el porche de la cabaña cuando de la nada, por ese camino que atraviesa la jungla y que a sus orillas se reparten las ultimas cabañas de la zona, apareció Patri la de Bilbo. Otra de esas excelentes personas que tengo la suerte de tener como amiga. Nos conocimos en Granada y desde que se fue de nuevo a Bilbao y yo volví a Madrid poco nos hemos visto, y así, sin quererlo, vamos y nos encontramos en Tailandia. ¡¡¡Pequeño mundo este!!!

Ahora de nuevo en Bangkok, poco tiempo. El suficiente para ir al nuevo destino. El rencuentro con las gentes que aquí quedaron y el relajo de estar en un lugar en el que más o menos me se mover y gastar poco dinero. Por ultimo siento no colgar fotos, ya llegaran. Hoy he olvidado el cable en el hotel y me he dado cuenta cuando ya llevaba escrito medio post. ¡¡¡Joder!!!, puta palabra, la odio, intento no escribirla y al final, cuando ya casi lo había conseguido...

miércoles, 2 de febrero de 2011

BANGKOK #2: Dias de nada y espera.

Que detesto las ciudades es un hecho que se ha demostrado en este viaje. En la India apenas he estado en sus ciudades, y en las que he estado ha sido de una manera forzada y confusa. Me remito a las entradas anteriores de este blog para volver sobre ello.

Ahora en Bangkok, más de lo mismo. Pero incluso peor. Me paso todo el día sin hacer nada. Me junto con los españoles que he conocido y no hacemos nada. Ni siquiera fumamos porros porque fumar en Tailandia es un estúpido riesgo que nadie debería correr. Esto no es la India, y aunque en el subcontinente también este prohibido fumar, cuenta con una de las policías mas corruptas y corrompibles del planeta azul.

¿Qué hacer en estas condiciones? Pues nada, dejar que el tiempo se escape. Beber cerveza y aguantar la espera. Porque realmente yo sigo en Bangkok a la espera de una nueva compañera de viaje. Otra gran amiga de esas de verdad que se va a juntar conmigo en este caminar por Asia.

Aunque sea eso lo que me mantiene atrapado en Bangkok, bien podría haberme marchado, tal como planee inicialmente, a ver alguna ciudad cercana, a hacer algo de turismo a alguna ciudad cercana... Pero principalmente por esa pereza que me caracteriza y da forma a mis días, no solo en este viaje, si no en el mundo, en mi vivir, sigo aquí en Bangkok. Por otro lado, también me he juntado con buena gente, españoles locos que andan tan perdidos como yo en busca de su destino. Una pareja de Barna que tatúan y hacen piercings, y que han venido a buscar material para su trabajo; otra pareja, en momentos críticos, que se dedican a vender ropa en festivales; y que decir de Luis y Violet, grandes donde los haya.

Además, tras mi experiencia en lugares como Khajuraho, Agra y Fatehpur Sikri en India, decidí que no iba a volver a hacer ese tipo de turismo nunca mas en mi vida. Si en España detesto las iglesias y las catedrales, y nunca voy a ellas, por que iba a hacer lo mismo en estos países. No, no way... Esperare a que la princesa vagamunda y nos iremos a la playa o a la montaña a malgastar un tiempo de la mejor manera que conozco: escalando, playeando y disfrutando con la contemplación de la nada.