ESCRIBIR UN DIARIO NOS AYUDA A OLVIDAR LA ILUSIÓN DE TENER UNA VIDA PRIVADA
(ricardo piglia)

HAGO MI FICCIÓN PARA QUE SEA CIERTA
(pentti saarikoski)

sábado, 26 de febrero de 2011

KRATIE: A orillas del Mekong.



Ayer llegamos de la capital de Camboya a Kratie, pequeña localidad que se encuentra a orillas del majestuoso Mekong y hasta ahora, esperando que la cosa no sea definitiva, por lo que me queda en el país, el mejor sitio de Camboya. La ciudad, por su tamaño, a pesar de ser una capital de provincia, en occidente la llamaríamos pueblo, en si no tiene ningún atractivo. Este se encuentra en sus alrededores.

En cuanto uno sale de los lugares turísticos principales y empieza a buscar por uno o unos mismo los lugares a visitar, se toma con las cosas que yo considero son las realmente interesantes. Sin duda alguna, lugares como Angkor son increíbles y de visita obligada. Lo mismo sucede con el museo del genocidio de Phnom Penh. Pero siempre en un viaje hay que tratar de ir más allá y buscar, aunque nunca lleguemos a encontrarlo del todo a no ser que apostemos muy fuerte, lo que se esconde a los ojos de los occidentales. Algo parecido nos ha pasado hoy en Kratie.

Por la noche dejamos, mas bien dejaron, yo no me encontraba en mi mejor estado, las cosas preparadas. La ruta más o menos hecha y el alquiler de las motos que hemos pillado cerrado. Algo indispensable para llegar a donde hemos llegado, ya que los paquetes turísticos no van mucho más allá de la primera parada del día, la cual es el principal articulo que hache se vende. La cosa es ir a ver, si se dejan, unos delfines de agua dulce que se localizan por las aguas del Mekong en estos lares. Hasta hache se puede ir en tuc-tuc, que es lo que se suele ofertar, o alquilándose una moto o una bicicleta e ir más allá que es lo que hemos hecho.

Como decía la mañana ha empezado visitando la zona de avistamiento de los delfines. Una actividad cara. Siete dólares por persona y una hora en un bote para intentar verlos. Verlos, lo hemos visto. Pero no ha sido muy espectacular o, al menos, tanto como me esperaba. Casi que el rato en el barco a primera hora de la mañana, a eso de las ocho, ha sido mas interesante que lo poco que hemos visto de los delfines. Ha habido momentos en que se veían bastante, pero la porción del cuerpo y la distancia a la que los veíamos me han decepcionado un poco.

Lo mejor del día ha venido después. Con las motos hemos seguido por carretera, hemos visitado uno de los templos más grandes de Camboya. Mas de lo mismo en estos cuatro meses de viaje por Asia, nada especial. Lo especial esta en las reacciones de la gente al vernos. Mas allá de Angkor y su capital, Camboya esta mucho mas aislada de lo que pensaba. Quizás allá lugares tan turísticos como Angkor donde los occidentales podamos pasear sin llamar la atención, pero este desde luego no es uno de ellos. En Kratie, si que se nota cierta indiferencia hacia nuestra presencia, pero después del templo hemos cruzado el río en ferry con las motos y hemos ido hacia unas aldeas donde nuestra presencia ha sido la novedad de la semanaza. Algo de lo que hablar en las pequeñas aldeas de la zona durante un tiempo. No quiero decir ni mucho menos que hemos sido los primeros occidentales en llegar hasta allí, eso es ya casi imposible en ninguna parte del mundo, pero no paraban de saludarnos desde la carretera y, en un momento que nos hemos parado a preguntar si íbamos en la dirección correcta, todo el pueblo se ha quedado para observarnos. Ya hablare, el como observan las gentes de Camboya en un resumen final como el que hice de India. Solo decir que si alguien viene por Kratie que busque mucho mas allá de la actividad de los delfines, se llevara una grata sorpresa.

Por ultimo decir que no he hecho fotos. Las malditas pilas. Pero Iñaki ha hecho unas cuantas y ya colocare algunas. También se que sigo sin escribir bien, lo digo como si alguna vez lo hubiese hecho, pero ya volverá el de antes. La excusa de los batidos mágicos ya no vale. Hoy le toca cargar con las culpas al calor y al cansancio. Mucha moto. Os dejo la única foto que tengo de la zona... como no su atardecer, un atardecer hermoso, solo comparable con el de Hampi en la India.

jueves, 24 de febrero de 2011

PHNOM PENH #2: Batidos magicos.









Ayer, pasado el mal trago de la visita al museo nos dimos un paseo por el centro de la ciudad en pos de hacer un poco de turismo más clásico y amable a la vista, pero que tanto detestamos los que hemos formado este pequeño grupo. Para hacer la visita más divertida, Iñaki y yo, Nadia declino inteligentemente nuestra invitación, decidimos bebernos un happy shake de mango. Que, que es un happy shake? Fácil un batido de marihuana (¿te acuerdas paloma de los especial lassy de la India? pues lo mismo).

Lo malo de beberse estos batidos es que uno no sabe muy bien cuanto y cuando le va subir y le va hacer efecto. Depende de cada persona y del momento en que se encuentre, lo que hay comido, lo cansado que este y demás. Pues nada, a Iñaki el batido, y eso que bebió la mitad de lo que yo bebí, le tardo poco en subir. Al mismo tiempo que yo estaba escribiendo los post de ayer, el estaba pajareando en el bar de la guest house donde estamos durmiendo. Mientras escribía, yo permanecía como si nada y a él se le oía decir tonterías. Después de ese pajareo y que yo terminase de escribir, compartimos un poco de pajareo y nos fuimos los tres a comer a un restaurante india que hay en la misma calle donde esta la guest-house. Fue en ese momento, cuando termine de comer, cundo el batido mágico hizo su aparición estelar. Ansia de mi, como iba a compartir el batido con Iñaki, le dije a la camarera que hiciese un batido de los very happy, no uno simplemente happy. Pues eso, quien sepa de que van estas cosas se lo imaginara. Un globazo de los buenos, en los que emparanoiado, alucinando un poco con los ruidos y algunas otras cosas mas misteriosas, como estar convencido de que éramos cuatro y no tres (todavía tengo que encontrar al cuarto, jejejeje), y otras lindezas de este tipo, me pase buena parte de la tarde noche tirado en la cama flipandolo hasta que me quede dormido y hoy he despertado un poco espeso.

Más allá de estas cosas que algunos y alguna miraran con envidia, y otros miraran como una estupidez, la visita a Phnom Penh ha sido más agradable de lo que pensaba. En general los camboyanos son gente agradable y amistosa. Los comerciantes son un poco pesados con sus tiendas, del mismo modo que los conductores de tuc-tuc y los camellos, pero no son tan agobiantes como lo son los de la India. La ciudad, sin dejar de ser, con todo lo que conlleva, una capital de un estado. Pero esta poco poblada, unos dos millones o algo más de habitantes. Lo que la hace poco agobiante en comparación con otras capitales. El calor te destroza, mas si tienes una resaca de batido mágico, pero si no fuese por esto, por el calor, se podría caminar perfectamente por la ciudad. Lo único que hay que tener un poco de cuidado al cruzar algunas calles principales porque están invadidas de motoristas que no tienen mucho cuidado con lo que uno esta haciendo.

Esta ciudad, ya que Siem Reap, es la principal atracción turística de la ciudad, me recuerda un poco a lo que me gusto de la India. Gente sencilla y amistosa que trata de acercarse a ti para saber un poco de tu vida. Esto no llego a sucederme en Tailandia y aquí, en Phnom Penh, ya me ha sucedido varias veces. Se agradece esta cordialidad por parte de los locales, es una de las pocas maneras que hay de acercarse a ellos. Porque en muchos casos, si eres tu el que se acerca no se lo toman tan bien.

Sé que estos dos últimos post no están demasiado bien escritos. La culpa, principalmente del calor y, secundariamente de los efectos posteriores del batido que me tienen en una espesura... lo siento.

miércoles, 23 de febrero de 2011

PHNOM PENH #1: La guerra la maldita guerra.

Para esta entrada no he querido poner fotos por las razones que iré explicando a medida que el texto vaya avanzando, aunque el titulo se explica por si mismo.

Ayer por la tarde llegamos a la capital de Camboya. Después de un viaje de autobús, tras la experiencia tailandesa, en el que pudimos volver a disfrutar de la mezcla entre camboyanos y turistas. Eso es algo que siempre se agradece. En India era imposible no mezclarse entre los indios. Es mas, algunas veces, sobre todo en los autobuses, he sido el único occidental en el viaje. Por contra en Tailandia, en los tres únicos autobuses que he pillado, no había ningún tailandés en el viaje. Ahora, en Camboya la cosa no vuelve a ser tan radical como en India, pero los turistas estamos en minoría. Que por que prefiero esto, pues porque creo que en eso consiste viajar. En mezclarse un poco con la vida local, por absurdos y estúpidos que resultemos todos los guiris entre los nacionales. Lo demás es turismo.

En el día de hoy, hemos ido a sacarnos las visas para Laos. La razón principal por la que estamos en Phnom Penh. Iñaki ya ha estado aquí dos veces y, a Nadia y a mi, las ciudades nos resultan incomodas. Después de hacer todo el papeleo nos hemos ido paseando hasta el museo del genocidio. Razón por la que he decidido no poner fotos en la entrada de hoy. En la próxima entrada sobre la capital de Camboya, me extenderé más comentado la ciudad y colgare algunas de las fotos que estoy haciendo. Aun así, decir que el lo poco que he visto me ha gustado mucho mas de lo pensaba. Una ciudad grande, siempre las capitales son grandes. Pero no demasiado poblada, unos dos millones de personas. La gente parece tranquila y amistosa. Me recuerda un poco más a la India que a Tailandia. Y me encuentro mejor en ella.

El museo, el horrible y necesario museo del genocidio. Esta no ha sido una visita demasiado agradable, pero es necesario y casi obligatorio que cualquier persona que se pase por Phnom Penh visite este museo. Sin extenderme demasiado, en parte a mi ignorancia, en parte por el espacio, decir que la historia reciente de Camboya ha estado bañada en sangre. En la década de los setenta el general Pol Pot y los jemeres rojos hicieron la revolución al mismo tiempo que cometían uno de los genocidios mas horribles de la historia de la humanidad, cualquiera que quiera saber mas que visite la wikipedia o cualquier otro sitio de Internet donde le puedan informar mejor que yo.

Este museo esta para recordar las detenciones, torturas y asesinatos que se cometieron en el mismo lugar donde se sitúa el museo. Es mas, el lugar se conserva tal y como quedo después de que el régimen se terminase. El centro de detención S-21 se construyo en un centro de enseñanza de la capital de Camboya. Allí se llevaba a los detenidos y se les torturaba para que confesasen. Muchísima gente fue llevada allí. En el museo se exhiben muchas de las fotografías de los detenidos, algunas antes y otras después de la tortura, y de los muertos que no lograron superar la detención. A los detenidos se les mantenía en las peores condiciones de vida, atados a una cama y recibiendo, entre otras cosas, descargas eléctricas para que confesasen. Aparte de las palizas y otras formas de tortura que prefirieron no contar, las cuales se exhiben sin pudor en el museo. En algunas de las celdas, construidas en las antiguas aulas, aun se pueden observar gotas y manchas de sangre. De todas las personas que pasaron por este centro de detención tan solo quedan siete sobrevivientes. Así mismo, las tumbas de los últimos catorce que murieron en el centro, también están en el patio del museo.

El museo exhibe sin pudor los sucesos que allí se cometieron en nombre de una revolución y una concepción, como todas, arbitraria de la libertad. Fotos de los detenidos, pero también de algunos que tuvieron que trabajar allí. Gentes de campo que se tuvieron que unir a la revolución por no perder sus vidas y las de sus familiares, que sufrieron el fanatismo de una elite en el otro lado, que veían morir a sus compañeros de trabajo por negarse a aceptar las órdenes.

Se que quizás lo aquí contado allá quedado muy en el aire. La razón es que este no es un tema muy agradable de contar y, como tantas cosas que suceden en un viaje, es mas sencillo vivirlas que contarlas y mas recomendable vivirlas que leerlas. En el museo uno se siente incomodo. La energía del lugar no es muy agradable. Uno puede imaginar con facilidad lo que allí se vivió en el final de la década de los setenta. No es algo fácil sobre lo que escribir, si se quiere hacer bien y con respeto. Y sobre respeto, memoria y madurez histórica, me pregunto para cuando un museo como este sobre los crímenes de guerra durante la guerra civil y los crímenes del franquismo en especial durante los anos cincuenta.

sábado, 19 de febrero de 2011

SIEM REAP #2: Calor... mucho calor.

Después de nuestra obligada visita a las ruinas de Angkor, en las cuales hemos realizado el mayor gasto en Camboya, decidimos quedarnos unos días más para esperar a Inaki. Todo el mundo que suele molestarse en leer este blog sabe quien es, pero, por si existe el extrano caso de que haya alguien que lea este blog y no sea de mi circulo de amigos, solo decir que Inaki es un amigo de la infancia, nos conocemos desde los doce anos y seguimos en contacto de verdad, es decir, solemos vernos bastante a menudo. El empezó su viaje por Asia hace dos meses, mas o menos, por Vietnam y ahora nos hemos encontrado, como ya he dicho, por tierras camboyanas.

Como es lógico Inaki está en estos momentos realizando la visita a las ruinas. Poco más se puede hacer por esta ciudad que merezca la pena, que no sea beber, fumar o, si eres uno de esos pervertidos hijos de p... que deberian estar encerrados en la carcel mas chunga y jodida del mundo, irse a buscar sexo con menores. Esto último sucede, y no sucede en lugares oscuros a los que hay que acceder en extranas condicones. Sucede a ojos de todos en un par de clubs nocturnos. Una pena. Ya se veía también por Tailandia y según Inaki, en la zona playera del sur de Camboya sucede mucho más que aquí. Por desgracia en los países pobres la corrupción, en todos sus niveles y formas, es, no más frecuente que en los modernos países occidentales, pero sí más visible. Normal esta gente sobrevive con un suelo mensual mínimo que es inferior al coste de la entrada de tres días para Angkor. En estas condiciones es normal que accedan a cubrir y cumplir las perversiones de los blanquitos occidentales que vienen a gastar más del dinero que esta gente gana en un ano en un para de semanas sin ni siquiera sufrir por ello. Este es, por desgracia, el mundo que el capitalismo de la libertad y el progreso y sus excesos ha construido. Un mundo que por mucho cerrar los ojos no va dejar de existir.

Pero dejemos los temas desagradables. Qué sucede con Nadia y conmigo que seguimos en un lugar como este, en un lugar donde el turismo, más tradicional y más corrupto, es lo único que se puede hacer, en un lugar que todo gira, excepto las ruinas de Angkor, en una zona que es conocida oficialmente como pub street, todo un ejemplo para explicar en dos palabras lo que explicaba en el parrafo superior. Pues no lo sé. En un principio nos habíamos quedado un día más para estar con Inaki y hoy decidiriamos que es lo que haríamos. Pero Nadia, la pobre Nadia, se ha levantado con un principio de enfermedad. Un poco de fiebre y un aspecto un poco lamentable. Es algo normal, ya debía tocarle. Lleva poco más de dos semanas de viaje y es normal que, antes o después, uno, una en este caso, se ponga mala. El cambio de alimentación, el de temperatura, los nervios y demás historias que hacen que una caiga. Ya le pasó a Paloma, que sólo estubo veinte días, y al regresar a Espana cayó enferma nada más llegar. Por todo esto no sé que va ser de nosotros en los próximos días. En mi opinión, aunque sea una putada, ya que no hay nada que hacer, sería esperar a que mejorase.

Hoy es domingo, a Inaki le quedan dos días más de visita, y si Nadia no da senales de mejora. Algo se puede hacer por la zona, el problema es que todo resultaria caro. El modo de funcionar de Camboya es con Dollares americanos y Rieles, la moneda oficial del país, al mismo tiempo. Es curioso, pero cuando uno va al cajero a sacar la pasta, le da Dollares. Y, si ya es dificil acostumbrarse a una nueva moneda, imaginarse con dos. Para explicarlo rápidamente, decir que los centimos funcionan en Rieles y lo demás en Dollares. Aún así, gracias al Euro, y aunque en nuestra querida Espana nos haya jodido al encarecer todos los precios, cuando salimos fuera siempre salimos ganando. Pero bueno, a lo que iba que me voy por las ramas. Las opciones de movimiento mochilero, es decir, las opciones de movimiento en las que se gaste el mínimo dinero posible son escasas. Aquí está todo preparado para eso, para ir a las ruinas y el resto del tiempo gastarlo en la zona de bares con cerveza barata y todas las drogas y perversiones imaginables, y eso es algo que no me apetece hacer. Un par de cervezas a la noche está bien, pero poco más. Además el calor es incrible y agoviante. No sé cual es el número que marcara el termometro pero sumado a la humedad pocas ganas de moverse le entran a uno. Si no se tienen las cosas claras lo más fácil es caer en la desidia durante el día. Pasarse todo el día esperando que llegué la noche, para ir a cenar y tomarse un par de cervezas o intentar ligar con alguna estúpida guiri, sin olvidar que yo, nosotros los espanoles, también somos estúpidos guiris, que esa gracioso nombre que se se inventaron los andaluces para definir a los británicos y demás turistas del norte de europa, también es aplicable del mismo mod en nosotros. Todo un paronama de entretenimiento y emociones fuertes. En mi caso no es problema, llevo casi cuatro meses de viaje y de vez en cuando no vienen mal unos días de pereza y no hacer nada. lo jodido es lo que le toca a Nadia. Enferma, con este calor, sin nada que hacer, todo el día encerrada en la habitación. Espero que mejore pronto. Ya veremos a ver lo que sucede durante el día, aún es pronto para tomar una decisión.

jueves, 17 de febrero de 2011

ANGKOR: Cuando mi ignorancia se hizó realidad.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En este caso no puede ser más cierto. Los últimos tres días lo hemos pasado en las ruinas de Angkor y yo, no puedo decir absolutamente nada sobre nada que este relacionado con ellas. Puedo explicar como me he sentido y demás pero sobre la historia de la civilización, que hasta este nombre desconozco, no puedo decir nada. Podría haberme preparado la entrada consultando la wikipedia o alguna página similar pero, para ser sinceros, no me apetece nada. Por eso dejo ese trabajo para quien quiera saberlo, ya sabéis, consultar por vosotros mismo el sitio que consideréis más adecuado y recrearos con las fotos que he hecho. Las primeras son del amanecer, que, curiosamente, las hice el primer día, y las últimas del atardecer, que fueron hechas el último día. ¡Qué cosas!.





















miércoles, 16 de febrero de 2011

SIEM REAP #1: Llegada a Camboya.

Ayer salimos de Bangkok, en otro de esos maravillosos viajes de agencia. De esos que te hacen sentir como un nene de colegio, y en los que sigo pensando que solo nos faltan nuestras madres esperándonos en la calle, bien para recibirnos, bien para despedirnos. Pero bueno estamos en el viaje y desde luego, aunque no deje de hacerlo, me quejo lo justo y sabiéndome afortunado de lo que estoy viviendo.

La llegada a la frontera transcurrió con normalidad. La cosa se alargo un poco, lo justo para que intentases colárnosla, sin conseguirlo, diciéndonos que si hacíamos la visa por nuestra cuenta lo mismo teníamos problemas y perderíamos el autobús. Nada más lejos de la realidad. Al llegar a la frontera la oficina de la visa estaba casi vacía, ya que casi todo el mundo, o bien traía la visa hecha de Tailandia, o bien accedieron a la vía fácil que les ofrecieron a mitad de camino. Lo primero es inteligente, pero lo segundo es de idiotas ya que tardamos poco más de diez minutos en hacer las visas y la cola real estaba en el momento en que el pasaporte debía ser sellado. Nosotros como buenos españoles, con nuestros cojones y ovarios, nos colamos de por lo menos de veinte personas, mientras que se escuchaban varias quejas sobre nuestra cultura en ingles, con la excusa de que teníamos que estar con las personas con las que habíamos viajado desde Bangkok. Algo totalmente innecesario ya que tuvimos que esperar una media hora el autobús.

Las fronteras, cuando las cruzas a pie son curiosas. Nunca lo había hecho. Y aparte de todo el papeleo y demás mamoneo, si te fijas en lo que te rodea se pueden ver muchos detalles. Principalmente las diferencias entre los dos países que comparten frontera, donde Tailandia sale ganando por goleada a Camboya. El segundo claramente es un país mucho mas pobre. Es mas parecido a India en muchos aspectos, la simple y visual pobreza, peores carreteras, peores medios de trasporte, peores condiciones de vida y esos pobres niños que se tienen que echar a la calle por si dando pena a los turistas extranjeros logran obtener unas monedas para alimentar a su familia. También uno puede percibir la corrupción, extraños choques de manos entre la policía y gentes variadas, transportistas, agentes de viajes y otros con peor aspecto. Nosotros estamos aquí, queramos o no, para hacer turismo, pero no tenemos porque dejar de ver estas cosas y mirar para otro lado.

De la frontera nos llevaron a una estación de transportes privados especial para los turistas donde nos siguieron tratando del mismo modo. Éramos nosotros los que teníamos que comprar nuestros propios billetes que ya habíamos pagado en Bangkok. El guía nos dio el dinero y nos pidió que fuésemos nosotros. ¿Por que? fácil, porque el recibe comisión si se hace de este modo. Muy elegante todo.

De la estación, tras una hora de espera, nos llevaron a Siem Reap, con las correspondientes paradas en los sitios concertados. Esto no es de extrañar, sucede en todas partes. El paisaje del sur de Camboya es plano. La expresión ancha es castilla seria muy valida también para esta zona. Me recordaba el trayecto de autobús que hay entre Madrid y Despeñaperros, pero como seria en los anos cincuenta.

Al llegar a Siem Reap, nos toco la última. En vez de dejarnos en el centro turístico como nos prometieron desde la agencia de Bangkok, nos dejaron en una estación de buses en las afueras de la ciudad donde los conductores de tuc-tuc nos estaban esperando como quien espera un plato de comida después de una larga jornada de trabajo. Fuimos de los pocos, pero no los únicos, aunque esto no es ningún consuelo, que caímos en la trampa de uno de ellos. Quien no nos engaño con el precio y las condiciones del hotel, pero si con la proximidad del hotel del centro turístico, ya que esta a un buen trecho andando. Algo de lo que, no se si para autocomplacerme, he acabado alegrándome. El centro turístico es un Kahos San Rd (el horrible centro turístico de Bangkok) en chiquitín. Un lugar llamado Pub Street con la misma cantidad de bares, guest-houses, drogas y demás servicios únicamente para el turista occidental u occidentalizado. Donde estamos esta en un sitio feo, aunque el hotel esta de la hostia, con poco que ver pero en el centro de la vida camboyana. El primer sitio donde cenamos, una excelente sopa de ternera, solo había cinco occidentales y tres de ellos éramos nosotros (en el bus conocimos a Josu, un chaval de Bilbao que anda viajando solo por el sudeste asiático y que se a unido a nosotros en esta parada). Algo que después de la experiencia tailandesa se agradece bastante.

En esta ciudad que yo sepa hay poco que hacer, a diferencia de la India no tengo ni libro ni guía de viajes y no se muy bien por donde moverme. Tampoco me importa, mi experiencia reciente me ha ensenado que siempre se conoce a gente que a viajado mas que tu, que en mi caso, por estas tierras, no es muy difícil, que te pueden dar buenos consejos. Lo único y esencial que si se puede hacer es visitar las ruinas de Angkor. Algo a lo que le vamos a dedicar tres días. Hoy ha sido el primero, y, a pesar el tremendo calor, ha sido una pasada. Miles de fotos, miles de cosas por ver y recordar. Excepto una, la puesta de sol. Una maravillosa y hermosa puesta de sol vista por todos los turistas que estábamos en Angkor pasando nuestro primer día. La puesta era irrepetible, pero la masificación ha sido muy incomoda. Había que pelearse por hacer las fotos. Nada, algo que, recordando aquellas puestas de sol que he vivido, en especial las de Hampi, por recordar la que mas me ha gustado e impresionado, donde lo mejor era la poca gente que había, no me ha dejado un buen sabor de boca.

En la próxima entrada, si la velocidad del internete del hostal, la cual es gratis, me deja colocare las mejores fotos de Angkor. Eso si que nadie pretenda que recuerde el nombre de los templos y edificaciones varias que voy a visitar en tres días.

lunes, 14 de febrero de 2011

TAILANDIA EN FOTOS

En las entradas anteriores no pude poner fotos. Ahora que puedo, pongo las fotos que en su momento quise poner y no pude. Espero que os gusten. Las siguientes serán de Camboya, donde espero dar con el pequeño duende verde.


LA FOTO MáS BONITA, LA PRIMERA... UN REGALO PARA LOS OJOS.


ESCALADORES EN ACCIóN EN Ao Ton Sai.


INCREIBLE TORRE DE PIEDRA ESCALABLE VISTA DESDE EL BARCO-TAXI DE Ao Ton Sai.


LOS MONOS DE TAILANDIA SON DIFERENTES A LOS DE LA INDIA.


LAS CABAÑAS DE Ao Ton Sai.


CIELO MORADO TRAS EL ATARDECER EN Ao Ton Sai.


ATARCEDER EN Ao Ton Sai.


VISTA DE LA PALYA DE Ao Ton Sai.


ATARDECER EN BANGKOK.


UNA SIESTECITA EN MEDIO DE LA CALLE DE BANGKOK.

sábado, 12 de febrero de 2011

AO TON SAI: El paraíso tiene peaje.

Hace una semana salimos de Bangkok. No he podido escribir antes porque en Ao Ton Sai conectarse a Internet salía muy caro y no quise hacerlo... hay que economizar. Así, por eso tengo muchas cosas que contar.

En Bangkok conocí, entre otras personas, a una pareja de chavales de Barcelona que estoy muy contento de haber conocido, Neus y Face. Dos grandes de los grandes. Dos soles que iluminaron mis días grises en Bangkok con los que surgió una amistad que espero que dure en la península. También, no me puedo olvidar, la llegada de Nadia. Otra grande. Pero eso cualquiera que la conozca ya lo sabe.

De Bangkok, a diferencia de la India salimos en un autobús fletado únicamente para turistas. Aquí somos todos guiris. No solo los rubiales. Todos, desde el más rastudo y el más punki. Pues eso, nos pusieron una pegatina en el pecho y nos metieron en un autobús. Era como volver al colegio, como si nos llevasen de campamento. Solo faltaban nuestras madres en la parada del autobús despidiéndonos. Que mal me sentí. Luego fue casi que peor. Entre la gente que pareció asumir su papel de chaval de instituto y no le importaba el trato que recibía y que el aire acondicionado estaba estropeado y nosotros estábamos sentados justo debajo de la maquina. Aquello parecía una ducha. El agua goteaba sobre mí, y por no mojarme y porque no podía dormir por las gotas que intermitentemente caían sobre mi decidí echarme sobre el suelo del bus y dormir. Fue la mejor idea que tuve. Dormí placidamente, mientras que el resto de la gente se apretaba sobre sus asientos, y tuve un bonito sueno. Es lo que tiene ser tan canijo, que se puede estar casi en cualquier parte.

Pero mereció la pena. Al llegar a Krabi, gracias a una argentina, que conocimos en el bus, salimos pitando hasta el centro del pueblo, porque ella sabía como ir y nos ahorramos el mamoneo con los conductores de taxis y tuc-tuc que estaban esperando para sacarnos los cuartos. Desde el pueblo cogimos un coche compartido que nos llevo al puerto y de hay a la bahía de Ao Ton Sai. Un paraíso en el que hemos estado una semana.

Al principio no fue todo tan bonito. Al venir de la India, los precios me parecieron abusivos, sentí que eso que para disfrutar de un lugar tan increíble había que pagar peaje, y estuve un par de días un poco entristecido sin saber que hacer. Pero poco a poco me fui adaptando y logre encontrarme en mi lugar.

El sitio es increíble. Una Bahía a la que solo se puede llegar por barca o atravesando una jungla que, lógicamente, dos blanquitos cargando con sus mochilones no pueden hacerlo muy fácilmente. En la playa nos pillamos una cabaña en medio de la montaña y disfrutamos del calor húmedo más insoportable que he sentido en mi vida. Un lugar verde, con cientos de mosquitos que nos comían vivos y arañas del tamaño de mi mano. No es tan terrible, que nadie se asuste. El lugar es increíble. Una pasada. Es un paraíso de la escalada deportiva, con vías a pie de playa de todos los grados. Un lugar al que me gustaría volver pero mas preparado, con alguien que escale y con nuestro equipo propio. No como fui esta vez que solo me lleve los gatos que Paloma me llevo a la India, los cuales están tan hechos mierdas que cuando escale me dejaron unos.

Aparte de escalar poco más se podía hacer en Ao Ton Sai. El calor del día lo frenaba todo. Y quien me conoce ya sabe lo que yo disfruto las playas, sabe que a mi eso de estar tirado en la arena sin nada que hacer poco me gusta. Aunque algo se podía hacer. Se podía ir a visitar las playas cercanas, las cuales fueron destrozadas por el tsunami de hace unos anos, se podía subir a un mirador, nadar, alquilar cayacs, nadar bucear. Es decir, las típicas y caras actividades playeras que, como he dicho, poco me gustan.

Pero la mayor sorpresa de esta semana sucedió un día que estaba soportando el calor de la tarde en el porche de la cabaña cuando de la nada, por ese camino que atraviesa la jungla y que a sus orillas se reparten las ultimas cabañas de la zona, apareció Patri la de Bilbo. Otra de esas excelentes personas que tengo la suerte de tener como amiga. Nos conocimos en Granada y desde que se fue de nuevo a Bilbao y yo volví a Madrid poco nos hemos visto, y así, sin quererlo, vamos y nos encontramos en Tailandia. ¡¡¡Pequeño mundo este!!!

Ahora de nuevo en Bangkok, poco tiempo. El suficiente para ir al nuevo destino. El rencuentro con las gentes que aquí quedaron y el relajo de estar en un lugar en el que más o menos me se mover y gastar poco dinero. Por ultimo siento no colgar fotos, ya llegaran. Hoy he olvidado el cable en el hotel y me he dado cuenta cuando ya llevaba escrito medio post. ¡¡¡Joder!!!, puta palabra, la odio, intento no escribirla y al final, cuando ya casi lo había conseguido...

miércoles, 2 de febrero de 2011

BANGKOK #2: Dias de nada y espera.

Que detesto las ciudades es un hecho que se ha demostrado en este viaje. En la India apenas he estado en sus ciudades, y en las que he estado ha sido de una manera forzada y confusa. Me remito a las entradas anteriores de este blog para volver sobre ello.

Ahora en Bangkok, más de lo mismo. Pero incluso peor. Me paso todo el día sin hacer nada. Me junto con los españoles que he conocido y no hacemos nada. Ni siquiera fumamos porros porque fumar en Tailandia es un estúpido riesgo que nadie debería correr. Esto no es la India, y aunque en el subcontinente también este prohibido fumar, cuenta con una de las policías mas corruptas y corrompibles del planeta azul.

¿Qué hacer en estas condiciones? Pues nada, dejar que el tiempo se escape. Beber cerveza y aguantar la espera. Porque realmente yo sigo en Bangkok a la espera de una nueva compañera de viaje. Otra gran amiga de esas de verdad que se va a juntar conmigo en este caminar por Asia.

Aunque sea eso lo que me mantiene atrapado en Bangkok, bien podría haberme marchado, tal como planee inicialmente, a ver alguna ciudad cercana, a hacer algo de turismo a alguna ciudad cercana... Pero principalmente por esa pereza que me caracteriza y da forma a mis días, no solo en este viaje, si no en el mundo, en mi vivir, sigo aquí en Bangkok. Por otro lado, también me he juntado con buena gente, españoles locos que andan tan perdidos como yo en busca de su destino. Una pareja de Barna que tatúan y hacen piercings, y que han venido a buscar material para su trabajo; otra pareja, en momentos críticos, que se dedican a vender ropa en festivales; y que decir de Luis y Violet, grandes donde los haya.

Además, tras mi experiencia en lugares como Khajuraho, Agra y Fatehpur Sikri en India, decidí que no iba a volver a hacer ese tipo de turismo nunca mas en mi vida. Si en España detesto las iglesias y las catedrales, y nunca voy a ellas, por que iba a hacer lo mismo en estos países. No, no way... Esperare a que la princesa vagamunda y nos iremos a la playa o a la montaña a malgastar un tiempo de la mejor manera que conozco: escalando, playeando y disfrutando con la contemplación de la nada.

domingo, 30 de enero de 2011

BANGKOK #1: Poemas desde Khao San Road.

Hace dos días que llegue a Bangkok. En poco tiempo he conocido buena gente y me he reencontrado con otros. Todos vienen en busca del negocio, yo no. Yo estoy de paso. Siempre de paso. Tanto aquí, como en la India, como en Madrid.

No quiero decir nada sobre Bangkok, pues no he visto nada. Esta entrada es sobre Khao San Road, el barrio de los mochileros de la capital de Tailandia. Y que decir sobre este barrio, pues nada. Una mierda que voy a intentar explicar en dos poemas y que cada cual entienda lo que quiera. Se admiten, y agradecen, los comentarios.

Poema I:

Y del cielo descendí…
un cielo que se abrió
y dejando un brillante y abrasador sol,
lucidamente vi
como la miseria humana
se había transformado
en la peor de todas las mediocridades.

Mi corazón
arrojado en la acera
de la peor calle
que nunca llegue a imaginar
sonaba
con escapar
de ese mundo creado,
de ese mundo plastificado,
de ese mundo basurero,
entorno a la mediocridad blanca
y su capital.


Poema II:

Calcados,
unos de otros,
unos en otros,
caminamos
nuestra copiada individualidad
como fantasmas errantes.

Sin alma,
sin propósito,
vacíos,
vaciados por nuestro exterior
intentamos
cargar con nuestra nada
rellenándonos
de nada.

INDIA: Poema final.

Adiós India.
Nunca olvidaré
tus vacas peatones
los monos callejeros,
las cometas en el atardecer de Varanasi
y el paisaje imposible de Hampi.

Luis y Vioet, por ser los primeros, y todos los demás
siempre estarán en el corazón de mi memoria,
latiendo por ese gran encuentro. La buena gente,
es la mayor de todas las riquezas que jamás
podremos conseguir.

Los cabrones de los Rickshaw, que tan pronto
acuerdas un precio
se convierten
en los mejor amigos.

India, tu espiritualidad
es tu grandeza
y tu desgracia,
aquello que nunca te llevara a la revolución.

India, eres grande
y me hiciste ser más grande.

No importan los lugares
que de ti
visite,
eres distinta en todas partes,
única en cada estado,
singular en cada pueblo y cada ciudad.

India, eres un crisol
que convive en tensión,
una tensión que nunca estalla.

India,
tanto bueno me diste, tanto malo
me quitaste;

si tus dioses quieren
nos volveremos a ver.

sábado, 29 de enero de 2011

INDIA: segundo resumen, el lado oscuro de la India.

Que en la India lo he pasado bien, ya lo he dicho. Que la India es un País grande que me ha dado muchas cosas, también lo he dicho. Pero seria injusto con todos los parias y las gentes miserables y degradadas de la India no darles un espacio en este blog y resumen de la India.

La India es un país cruel que se rige por unas normas medievales y tremendamente injustas. El sistema de las castas es probablemente el peor sistema de estratificación social que siga existiendo en el mundo. A pesar de estar prohibido por ley, sigue siendo algo muy real. Más de una vez me han preguntado a que casta pertenezco, y cuando he respondido que en mi país y en mi cultura esas cosas no existen me han mirado con asombro. Las casta mas alta, es una casta que esta podrida de dinero y tienen mas capital del que alguien como yo va a tener nunca en su vida. Las castas más altas no ayudan a los intocables por que piensan que estos han de ser buenos pobres para poder tener algo mejor en su siguiente reencarnación. Lo único que consiguió Gandi, más allá de la independencia del imperio británico, fue crear un sistema de limosnas a estas gentes. Pero, tras la independencia, lo único que se consiguió fue sustituir el látigo extranjero por el látigo nacional. Con cualquier intocable, que haya tenido la suerte de recibir algo de educación, y puedas hablar con el te dirá que Gandi es un desgraciado y un hijo de puta. Para demostrar esto remito mis comentarios a la página Web de una poeta india: MEENA KANDSAMY. Aquí veréis, a través de sus poemas, que nada de esto es mentira.

Por otro lado en la India se observa en cualquier parte el trabajo infantil con toda normalidad. En todas sus formas, aunque principalmente en los trabajos mas desagradables. Limpian la mierda del tren, te sirven en los restaurantes, limpian en los restaurantes, recogen basura de las calles, venden artículos de todo tipo en cualquier sitio, trabajan en el campo y así, hasta un largo etcétera. Y, claro esta, la mayoría de estos niños pertenecen a la casta más baja. Y, por supuesto, a los miembros de las castas más altas, lo ven con total normalidad, y te dicen que si no fuese así, ni siquiera sus familias podrían subsistir. Que toda la familia depende del trabajo de estos niños. Como si no fuese más fácil que las cosas cambiasen.

No se si la gente creerá lo que voy a decir, pero el hinduismo es mas cruel con la mujeres que el Islam. Se puede pensar al verlas con los coloridos saris y los ombligos al aire que las mujeres indias son mas libres, pero esto es falso. Cuando una mujer india se casa forma parte de la propiedad de la familia del marido. Y mas le vale haber tenido la suerte de tener un buen hijo, porque sino a la muerte del esposo puede ser olvidada, expulsada del hogar y arrojada a la mendicidad de las calles. En la India esta prohibido que un matrimonio sepa cual es el sexo del hijo que va a tener. Nadie quiere tener una hija, y sobretodo más de una hija. En la India hay una maldición que la gente se dice que es que ojala tengas mas de tres hijas y se casen todas. A causa de la dote esto llevaría a la ruina a la familia de la hija. Por este motivo, en algunos estados de la India hay más infanticidios de niñas que muertes por accidentes de tráfico. Todo un paraíso para ser mujer.

Para terminar este oscuro resumen, que no quiero que sea entendido como algo único, siempre hay que ir mas allá y ver mas allá del negro túnel, me gustaría decir que lo peor de la India no es esto que cuento, esto es su forma de ser. Una forma de ser que asombra a los ojos occidentales y, como dije en otro lugar, es mejor dejar, por duro que sea, esta visión occidental en casa y disfrutar del viaje. Pero lo peor de la India, como decía, son los turistas occidentales que vienen negando, esto que cuento, en busca de una estúpida espiritualidad. La religión en todas sus formas es estúpida no va a ningún lado. Nada hizo en occidente el cristianismo, y nada bueno ha hecho el hinduismo en la India. Más bien al contrario: la religión es la condena de la India. Por el Karma no ha habido ni habrá nunca una necesaria revolución social. Como dije mas arriba, tras Gandi, no cambio nada en la India. Todo siguió igual que antes de los colonos, y en algunos estados peor Con esto, esta claro, no quiero decir, que el mundo material de occidente sea mejor. Todos juntos, cada uno a su manera, cada cultura a su manera, hemos de buscar las maneras para poder crear un mundo mas justo. Un mundo sin religiones, un mundo libre, donde la pobreza desaparezca y podamos vivir en armonía con el entorno, con la madre naturaleza y donde nadie sea mejor que nadie y nadie tenga más que nadie.

miércoles, 26 de enero de 2011

LA INDIA: Un Tímido y primer resumen.

A punto de coger un avión que me llevará a un nuevo destino, a una nueva aventura me propongo a hacer un tímido resumen de como han sido estos casi tres meses en el subcontienente asiático.

Todo empezó el tres de noviembre del 2010. Por aquel entonces hacia calor y la primera impresión que tuve fue el fuerte olor a diesel que había en el aire. Ese aire, el de Delhi, en esos primeros instantes me resultaba irrespirable. También recuerdo los primeros momentos en el barrio Lapaj-Nagar, tratando de buscar por mi cuenta la casa de Jaime y Patricia, ya que, el móvil no me funcionaba y no conseguí llamar a Jaime para decirle que ya había llegado al lugar donde habíamos quedado. Al principio sentí, como en cualquier otra ciudad grande, la indiferencia de sus ciudadanos, hasta que sentí esa generosidad y hospitalidad que hacen famoso a este país cuando un chico, de poco más de veinte años, me presto su móvil para llamar a Jaime. El resto de mis experiencias en Delhi ya las he contado en las entradas de este Blog. Pero nunca olvidaré ese primer día y la generosidad de aquel chaval.

En tres meses se pueden hacer muchas cosas. Pero por mucho que creas haber visto, en seguida te das cuenta de que no has visto nada. Este es un país enorme, un país de países, en el que necesitas varias vidas para visitarlo entero.

Mis primeros días fuera de Delhi fueron días solitarios. Estuve viajando por lugares donde el mochileo no existe. Lugares de turismo indio en el que andaba bastante perdido y acompañado por una fuerte diarrea que hizo de esos días una prueba de fuego. A punto estuve de tirar la toalla y volverme, con el rabo entre las piernas para España, pero, gracias a una palabra, memoria, no deje que uno de los sueños de mi vida, sueño que me costo hacer que fuese real más de cinco años, se fuese por la taza water, junto con aquella incesante diarrea, a la primera de cambio. Tras abandonar Shimla en un segundo viaje en autobús local, que nunca olvidaré, y llegar a Risikesh las cosas empezaron a cambiar. Y poco a poco, el tiempo empezó a pasar sin ser visto.

Ya en Delhi había conocido a dos excelentes personas. Una pareja de Logroño a la que nunca olvidaré y a la que espero ver pronto. Pero sólo fue un día y yo marche hacia los lugares de turismo Indio mientras que ellos marchaban hacia otras latitudes. Nos dimos los e-mailes y nos despedimos con un abrazo y una sonrisa. Tras mi soledad en Chandigart y Shimla, fue en Risikesh donde empecé a conocer a otros viajeros y desde Pushkar, donde me volví a encontrar con la pareja de Logroño no volví a estar solo, salvo en algunos momentos, en todo el viaje. Pero no es este el lugar para hablar de lo sucedido en estos meses, eso ya ha sido dicho en las entradas anteriores de este blog.

Más allá de Delhi, de todo lo que he vivido, por orden, nunca olvidaré los siguientes momentos:

De Chandigarht, la diarrea que no me dejó casi ni respirar.

De Shimla, la conversación metafísica con Mannu, la primera persona india con la que mantuve una conversación que no tenia nada que ver con transacciones económicas y ese viaje en autobús por las laderas de aquellas montañas, cuyo nombre desconozco, con esos dos chavales de Liverpool, que aunque al principio me resultaron algo estúpidos y demasiados ingleses, luego, tras compartir unas cervezas en Risikesh, resultaron ser bastante simpáticos.

De Risikesh, a Mr. Fantastic, el simpático dueño de la tienda donde casi todo era posible, y compraba todo aquello que me hacia falta; a Savash, el angelical camarero del Ganga River View Restaurant; aquel italiano cuyo nombre no recuerdo con el que mantuve otras conversaciones metafísicas; las chicas formenteras y el indio-catalán que no llegue a conocer bien porque no se dejaba, y al que volví a ver en Gokarna.

En Jaipur, aunque nuestra amistad no duró mucho por tener diferentes itinerarios recordaré a Yami la cubana y su novio holandés; y aquel extraño venezolano que me pareció el peor de todos los yonkis occidentales con los que me he cruzado. Y aquel pasaje del terror, donde se acumula toda la miseria e inmundicia humana, que era el puente que había camino de la estación de tren.

La primera vez en Pushkar fue donde empezó lo mejor del viaje. Fue cuando me reencontré con la pareja de Logroño y tras eso pasamos más de un mes juntos. El día que el agua de la lluvia que no paraba de caer, sorprendiendo a la gente de la ciudad porque no era el momento, ya que el monzón había pasado, nos llegó hasta las rodillas a Luis y a mi cuando volvíamos de Ajmer de pillar los billetes de tren para bajar a Gokarna. Los primeros acordes de la guitarra de David, otra de las personas que no puedo decir más que me alegro de haberla conocido, acompañado la guitarra de Amenab, la única persona india que realmente he llegado a conocer hasta el momento. Haber conocido a Alexandra, la catalana con los ojos más bonitos y una de las personas más dulces que he conocido en estos días. Y aquel día en que el dios de la familia que regenta la guest-house donde estábamos hospedados se metió en el interior de uno de los hermanos.

De Gokarna, aquel interminable viaje de 32 horas que nos llevo allí desde Ajmer. El colgante que me hizo Gina, una de las formenteras que conocí en Risikesh, que lo único que puedo decir de ella es que lamento no haberla conocido más. La indiferencia de David ante el mundo Hippie de la playa y como salió huyendo de todo aquello en una aventura que le llevó de Hampi, de donde también salió huyendo con una herida infectada en un pie, de nuevo hacia Pushkar. Los hermanos canarios, en especial las locuras de José, como cuando salto del barco que nos llevaba de vuelta a Kudle-Beach desde Paradaise-Beach para nadar con los delfines mientras su hermana Xiomara gritaba por las locuras de su hermano. Y todos los atardeceres, en especial aquel día que Luis, José y yo fuimos a ver a las rocas que hacían esquina en uno de los bordes de la playa, que, desde ese momento me lanzaron a buscar la caída del sol en el resto de los lugares de la India, veíamos desde la playa antes de cenar y las hogueras que se montaban en la playa, en ese mundo hippie que David tanto detestaba.

De las Jog-Falls, me quedo con la pequeña aventura río abajo con José el canario y los 3000 escalones que había que bajar para luego volver a subir para acceder a la base de las cataratas. El viaje en moto en el que se nos rompió el cable del embrague de la moto con la que esta increíble persona se llevaba recorriendo durante seis meses la India. La tortilla de patata que nos hizo Xiomara en el restaurante de aquella entrañable señora, sorprendentemente soltera a los 38 años para estar en la India. Y el día que camino de Hampi a Luis le robaron la mochila, que sorprendentemente reapareció con lo más importante, en una de esos lugares de la India donde el turismo no existe.

En Hampi viví mis mejores momentos. Esos increíbles atardeceres desde el tipi guest-house. Las escaladas con Greg, Cofee y Lucas, y el resto de los escaladores que conocí. Aunque ya los había visto en Gokarna, haber conocido bien a Joakin, Tania, Rocio y Estefano. Los templos y sus vistas. El comienzo del cuaderno rojo. Los alemanes cuyos nombres no recordaré nada más que consultando el diario. Ese lento caminar de las horas, que de tan lento que iban me dejaron atrapado casi tres semanas en las tierras donde Hanuman, el dios mono, nació y con su rabia colocó las rocas de la manera más extraña que he visto. A Anabelle, una preciosa francesa, que tuvo que salir huyendo de la desidia que los porros le provocaron en esos días rumbo a sus destino. El lago y el subidón de adrenalina que me dio en cada uno de los cinco saltos que di. Los viajes en moto con Luis. La despedida de Luis y Viole, en la que se me escaparon unas cuantas lágrimas. Y todos esos viajeros hippies de todas las partes imaginables del mundo, en especial el individuo de Zimbawe, la persona más santi que he conocido en mi vida, con los que compartí unos instantes y pequeñas conversaciones.

De Udaipur, me quedo únicamente con Mirko. Sorprendente que nos hayamos conocido. Esta persona y yo compartimos amigos y conocidos en Madrid y estando los dos en la India de algún modo u otro teníamos que cruzarnos y descubrir los lazos que nos unen. Compartimos el final de su viaje por el subcontinente y es, una de las personas que más me alegro haber conocido en estos tres meses. En seguida conectamos y pasamos unas semanas juntos. Compartimos ciertas infecciones de estómago y un incesante fumeteo. Pasamos un inexistente fin de año juntos y fue otra de las personas de las que me he despedido con lágrimas secas en los ojos con la esperanza de volver a vernos.

De la segunda vez en Pushkar, sentir como el retorno a un lugar donde uno es reconocido le facilita las cosas, no sin negociar. Las locuras del padre de la guesthouse donde me volví a hospedar. Las cometas volando el aire en cada atardecer, los templos que en la anterior vez no pude visitar por la lluvia y la voz chillona de uno de los guardas de uno de los templos cuando nos hablaba de miles de inentendibles cosas y situaciones colocado por un special-lazy. Volver a ver a Alexandra y conocer a su novio indio y la impresionante y tranquila farm-guesthouse que tienen en las afueras del pueblo

De la segunda vez en Delhi, lo primero es el frío. Nunca pensé que en la India podía hacer tanto Frío como el que hizo en esos días. Conocer a Patricia y su generosidad compartida con la de Jaime. El Rencuentro con Paloma y ese tremendo retraso de 17 horas de tren que sufrimos para llegar a Varanasi.

En Varanasi, los primeros días, el frío y la niebla también estuvieron presentes. Pero hubo momentos muy buenos. Un segundo reencuentro con los de Logroño. Los colocones de special-lazy, en especial el de Paloma. El misterioso reencuentro con Joakin, ya que, en la mañana del reencuentro acababa de hablarle a Paloma de él y un par de horas después me lo encontré por los gaths del Ganga. Como la gente, indios y no indios, flipaban cada vez que Joakin se paraba a tocar su instrumento, un Hang (creo que se llama y se escribe así), y como consiguió que le grabasen para una película en una de esa extrañas casualidades que sólo suceden en la India. Volver a ver a David. El burning gath y los vendedores de drogas que purulan a su alrededor ofreciendo todas las drogas inimaginables. Y sobre todo, la incontable cantidad de cometas que hay en cielo en el atardecer.

A la salida de Varanasi he vivido mis peores momentos. Otra vez estuve a punto de tirar la toalla. Visitamos, Paloma y yo, lugares que se salen de la ruta mochilera y que se encuadran, a excepción de Risikesh y Haridwar, dentro del turismo más clásico. De Khajuraho me quedo con el paseó en bicicleta, el colocon de lazy, y con el cabrón de la guesthouse que nos compro mal uno de los billetes de tren. Pero no fue su culpa. Fue nuestra culpa por no haber hecho las cosas nosotros mismo y delegar en otros lo que tendríamos que haber hecho nosotros.
De Fatehpr-Sikri, aparte de la impresionante belleza del muro de la mezquita, lo mejor fue la sorpresa y estupor que Paloma causaba en los habitantes del pueblo.
De Agra, sólo me quedo con la decepción que me causó, como ya he contado entradas atrás, el Taj-Mahal.
Y de la segunda vez en Risikesh y Haridwar me remito a la entrada anterior en el blog.

De la tercera vez en Delhi. Las compras de Paloma por el Pahar-Gang y Old-Delhi. Como me trotó en la búsqueda del regalo perfecto. Pero sobre todo me quedo con la alucinante generosidad de Jaime y Patricia. Como me han dejado la casi sin que ellos estén para que pueda disfrutarla y me ahorre los gastos e incomodidades del Pahar-Gang.
De la despedida de Paloma, sólo puedo decir lo que leí en un libro de Eugenia Rico que se llama en el país de las vacas sin ojos, y que toda persona, en especial las mujeres, que hayan estado en la India deberían leer: "En toda despedida hay un momento en que uno de los dos ya no está". Eso es lo que sentí mientras nos abrazábamos y de mis ojos caían más lágrimas secas. Paloma, sé que la nuestra es una amistad de las de Verdad, sé que estarás en Madrid cuando vuelva. Así que no fue una despedida, fue un hasta luego.

Probablemente olvido muchas cosas, muchas situaciones y muchas personas. Lo que ha quedado aquí resumido no es lo más importante, pero si lo más significativo, lo que más me ha marcado y lo que puedo recordar con más facilidad en este momento que lo escribo. Hay cosas que han quedado afuera porque están en todas las partes de la India. Es imposible no olvidar a los monos callejeros, a las vacas que caminan por la ciudad como si fuesen un peatón más, a los perros callejeros asustadizos de día y fuertes y peligrosos de noche, los shadus, los mendigos, los pequeños chais de cinco rupias, el color de los saris de las mujeres, y un largo etcétera imposible de recordar ahora. Son pequeñas cosas que se irán recordando poco a poco, a medida que el tiempo avance cuando ya este de vuelta en casa en mi vida de siempre, si es que algún día vuelve a ser la misma. Y no puedo olvidar todos los viajes, tanto en bus local como bus nocturno, y esos increíbles viajes en tren. Uno no conoce la India si no viaja en transporte público. Es imposible.

Una vez escuchando una conversación ajena, alguien comentaba que la India es la mayor democracia del mundo. No por el sistema en sí. Sino porque en la India conviven todas las religiones, razas y modos de vida imaginables que pueda haber en todo el mundo. No puedo estar más de acuerdo en esto.

martes, 25 de enero de 2011

DELHI #6: Sin palabras...

Lo primero que tengo que decir sobre Delhi no sé como hacerlo. Ya conté en su momento que las veces que vengo a la capital de la India me alojo en casa de Jaime y Patricia. La primera vez estaba él, la segunda vez estaba ella. Pero ahora no están ninguno de los dos. Me han dejado la casa mientras espero que salga el tren que me lleve a Kolkata para, un día después, coger el avión que me lleve hasta Tailandia. No puedo explicar como me siento, me cuesta muchísimo tratar de cifrar en palabras el sentimiento de agradecimiento a este respecto... lo único que puedo decir es JODER!!! Y esperar la oportunidad de poder devolverles el favor algún día de la manera que sea. Me siento en deuda con ellos. Una deuda de sangre. Qué por qué, pues porque el lugar de los hoteles baratos en Delhi, el Pahar-Gang, es una calle inmunda, sucia y polvorienta en la que el turista es constantemente acosado por los comerciantes, ganchos , camellos y mendigos de la zona y no se puede caminar tranquilo. Nada que ver con el barrio donde viven estas dos excelentes y generosas personas, Lajpat Nagar. Un barrio de clase media, donde uno pasa prácticamente inadvertido y casi nadie le dice nada. Un remanso de paz en esta caótica ciudad.

Llegamos el día 23 por la mañana desde Risikesh y fuimos a buscar la llaves a la embajada española donde ella nos las había dejado en un sobre a mi nombre. Después de la clásica pelea con los conductores de tuc-tuc llegamos a la casa y dejamos las cosas. Y sin disponer de mucho más tiempo nos fuimos a ese maldito barrio, ya que, mi compañera de viaje quería hacer los regalos para sus familiares y amigos. Algo que yo decidí dejar para más tarde. Entre este barrio inmundo y el barrio del Old-Delhi, donde se encuentra el mercado de las especias estuvimos dos días de diez de la mañana a ocho de la tarde en busca de los presentes que esta chica quería comprar para sus allegados y para ella misma. Tés, especias, pañuelos y demás típicas baratijas que se suelen regalar en este tipo de viajes. No me imagino, siendo como soy yo, comprando de la misma forma cuando llegue el momento de mi partida y retorno a casa.

A pesar de lo mal que lo pinto inicialmente, no fueron días tan malos. Ha hecho buen tiempo y con su compañía fueron buenos momentos. Después de las frenéticas horas de compras volvíamos a esta maravillosa casa en la que me encuentro y podíamos descansar acudiendo a algunos de los restaurantes de la zona y disfrutar de comida india para indios. Por otro lado, en el barrio hay una tienda alcohol y nos bebimos unas cervezas a un precio aceptable si se piensa en rupias, 60 rupias por una botella de dos tercios de litro. Por la misma cantidad en un bar te cobran más del doble.

Ahora mi compañera se ha marchado y vuelvo a estar solo en el camino. Fue una de esa despedidas agradables, una despedida en las que el sentimiento de melancolía y pena se desprenden de toda su carga negativa al saber que se han compartido una buena experiencia y todo lo que dejan es lo más parecido a la alegría. Me pasó lo mismo en Hampi, en la segunda visita a Puskar y en Varanasi. Ellos y ellas saben quien son y, desde estos últimos días en la India les digo que no puedo estar más contento de haberles conocido.

Mañana, creo, es el día de la independencia. Espero que la celebración no suponga ningún problema y no me trastoque mucho los planes de mi viaje. No viajo con el tiempo muy ajustado así que dispongo de cierto margen de error. Después del retraso de 17 horas que sufrimos para llegar a Varanasi, no he querido correr demasiado riesgos. Lo que me queda en este ciudad son unos días tranquilos sin hacer mucho en Delhi. Pasear por el barrio, volver al Lodi-Garden, pequeñas compras de última hora y volver a ver, espero, a Jaime y Patricia para agradecerles en persona, no podía ser de otra manera, lo que han hecho. Tras esto, un viaje de 24 horas hasta Kolkata y menos de doce horas en la tercera ciudad más grande de este país donde cogeré el avión que me llevará a una nueva aventura, a un nuevo comienzo donde me esperan más sorpresas. No sé si tendré tiempo para hacer más entradas en el blog antes de llegar a Tailandia ni creo que merezca la pena, a no ser que suceda algo que lo requiera, porque como en Kolkata voy a estar menos de doce horas poco podré decir de la ciudad que merezca la pena. Quizás un resumen de todo lo que he vivido y experimentado en este país. Esas pequeñas cosas que nunca olvidare... pero ya llegará el momento. Es más, es algo que podré hacer desde Bangkok.

domingo, 23 de enero de 2011

RISIKESH #3-HARIDWAR#2: Retornos a lugares que parecen distintos.


CRAZY MONKEYS!!! FRASE REPETIDA ENTRE LA GENTE DE RISIKESH.


EN MEDIO DEL BOSQUE DE RISIKESH


NUEVA PANORÁMICA SE RISIKESH.

De Agra salimos sin problema alguno en un gobverment-bus nocturno que salió a las nueve de la noche. En el bus hacia frío pero se encontraba en buenas condiciones y a pesar del estado en que se encontraba la carretera más o menos se pudo dormir. El problema fue el estado en que se encontraban mis tripas. En una de las paradas pequeñas, a menos de media hora de Haridwar, tuve que pedirle por favor al cobrador del bus que me dejase salir a cagar a la calle. Al principio no accedió, pero cuando vio mi cara no tuvo más remedio y me dejó salir. Y en medio de la calle, con una botella agua para limpiarme la mano y el culo, solté todo lo que tenía dentro. Veinte minutos más tarde llegamos a Haridwar donde cogimos el bus que nos llevó a Risikesh.

Una vez en Risikesh fuimos directamente a uno de los hostales que ya había estado y después nos fuimos a desayunar. Lo primero que noté cuando estábamos en las orillas del Ganga fue que ya no era ese lugar de mochileo que conocí la primera vez. Ahora era un lugar mucho más tranquilo. Algunos de los bares de antes estaban cerrados o casi vacíos y prácticamente no se veía a nadie por la calle principal que une los dos puentes. Las razones para esto, supongo, que se debe a que todos, en especial los mochileros, seguimos unas rutas preestablecidas. La temporada empieza en octubre por la provincia del Himalaya, en noviembre la gente llega a Risikesh y en diciembre la gente, huyendo del frío, empieza a bajar hacia el sur pasando por el Rajastan y otros lugares preestablecidos en busca del sol y las playas. Los que quedan, siguen visitando los lugares clásicos, pero con otros ritmos. El tipo de visitante cambia, ya no se ven tantos hippies perro flautas y la mayoría de los turistas son de edad más avanzada.

Todo esto concierne al Lakshman Jhula. En la zona de los ashrams todo permanecía más o menos igual. Se veían menos turistas extranjeros pero el volumen de turistas locales permanecía más o menos similar a la primera vez que estuve en la zona.

Lo que hicimos nosotros en este único día que estuvimos en Risikesh fue aprovechar para pasear por la montaña. Nos acercamos hasta las pequeñas cataratas que hay monte arriba y buscamos, sin encontrarlos, unos campos de arroz que Mr. Riesgo, el canario más loco, en el buen sentido de la palabra, y simpático que he conocido en este viaje, me había hablado. Hicimos unas compras, descubrí nuevos restaurantes de comida india en vez de ir a los restaurantes de mochileo. También visitamos la zona de los ashrams y acudimos a la puja al río. Fue un día intenso, casi no paramos en todo el día e hicimos muchas de las cosas que yo no había hecho en su momento. Disfrute mucho de la compañía de mi gran amiga, ahora digo su nombre, Paloma. Una de esas personas, como todos los amigos de verdad que tengo, que cualquiera que conoce, sólo sabe decirme cosas buenas de ella. Y, aunque nos hubiese gustado quedarnos una semana entera en Risikesh, disfrutamos a lo grande de ese único día.

Al día siguiente, después de hacer las últimas compras tras haber disfrutado de un excelente desayuno en la german-bakery que está pegada al Laskhman Jhula, nos fuimos a Haridwar. Donde volví a notar muchas diferencias con respecto a la primera vez.

La primera vez que estuve estaba recién llegado a la India, apenas había pasado un par de semanas, y esta ciudad me impresiono mucho. Sobretodo su puja, que me causó tanto impresión que decidí volver un par de días más a Risikesh para buscar nuevos caminos. Por aquel entonces no estaba preparado para vivir una ciudad India donde apenas había turistas extranjeros. Pero está segunda vez fue una experiencia bastante agradable. Después de haber estado en ciudades donde los turistas extranjeros somos vistos como un billete de dólar con patas y se nos acosa para que compremos todo desde todos lados, caminar por las calles del bazar de Hardiwar fue una experiencia agradable ya que nadie nos llamaba para que fuésemos a ver ninguna tienda. Además nadie parecía sorprenderse de la estética de mi compañera y pudimos caminar tranquilos por las calles del bazar después de la ceremonia del río para hacer tiempo antes de coger el tren que nos trajo hasta Delhi.

miércoles, 19 de enero de 2011

AGRA: Taj-Mahal y FATEHPUR SIKRI: La ciudad fantasma.

El mundo es un puente, pasalo pero no construyas sobre él. Aquel que mantenga la esperanza una hora puede mantenerla durante toda la eternidad (inscripción en la puerta Buland Darwaza de la mezquita de Fatehpur Sikri).


ENTRADA SUR AL TAJ-MAHAL.


SIN PALABRAS.



ATARDECER SOBRE LA FEA AGRA.

Hace un par de días salimos de Khajuraho rumbo a Agra. Cogimos un tren a que nos dejo en la ciudad del Taj a las tres de la mañana. Una excelente hora para aparecer en una ciudad de la India. Pero nosotros fuimos bastante espabilados y nos quedamos en la horrible y maloliente sala de espera de la estación de trenes hasta las seis de la mañana. No queríamos pagar una noche de hotel entera por solo cuatro horas, y mejor Málaga que malagón... Pasado el tiempo de espera, nos fuimos a la estación de buses locales para coger un bus hasta Fatehpur Sikri, un pequeño pueblo de poco más de veinte mil habitantes a unos treinta kilómetros de Agra.

En este aparente tranquilo pueblo fuimos a pasar una noche para evitar pasar la noche en Agra porque pensábamos que íbamos a estar más tranquilos al alejarnos de la ciudad grande. Aparte de esto, también fuimos a ver unas ruinas de una antigua ciudad amurallada y una mezquita. La ciudad es bellísima. Una construcción de arenisca roja de arquitectura, creo que, de la época mongol, allá por el mil quinientos algo. La mezquita tiene el pórtico de entrada más grande de Asia, un impresionante muro de unos cincuenta y cuatro metros que asombra la vista. Pero hablar de estas cosas no merece la pena, mucho menos leer sobre ello, lo que importa es venir a verlo.

Lo interesante de Fatehpur Sikri es la gente. Caminar por la calle con mi acompañante, una chica con el pelo rapado y las orejas taladradas de pendientes llama la atención en cualquier lado, y mucho mas en la India, y muchísimo mas en una aldea como esta que no están muy acostumbrados al turismo mochilero. Mi presencia a su lado podría definirse como invisible. Todo el mundo le llama la atención, las mujeres se ríen tapándose la boca y los hombres se llaman unos a otros para decirles donde esta la extraña novedad que se acerca por la calle. Es interesante ver su reacciones y me hubiese gustado poder fotografiar sus caras, pero fue imposible encontrar unas pilas decentes para la cámara, por lo que no he podido colgar ninguna fotografía de la ciudad fantasma en el blog.

Al día siguiente, el día de hoy, nos hemos venido a Agra, únicamente para ver el Taj-Mahal. Y ha sido una decepción. La entrada es carísima, 750 rupias, y mucho mas si tenemos encuentra que a los indios solo les cuesta 20 rupias. Por llevarlo al terreno de las comparaciones, lo comparamos con la Alhambra, y lo que tenemos es que la segunda da mucho mas juego, hay muchas mas cosas que ver y que hacer en el monumento de Granada que en el Taj. Aquí, prácticamente con dos horas bastan para disfrutar de la visita y, aunque no hay que menospreciar ni mucho menos su impresionante belleza, la visita hay que alargarla con la imaginación.

En el Taj también hemos sido objeto de miradas. A mi compañera le han pedido que si le podían fotografiar y conmigo se han querido hacer una. Nosotros les hemos preguntado que como es que estando en un sitio como el Taj, preferían fotografiarse con unos giris y no al monumento. Ellos nos han dicho que para ellos el Taj es muy común y los turistas como nosotros, en especial mi compañera, somos lo extraño y sorprendente.

Sobre Agra no puedo contar nada. No hemos visto más que la estación de trenes, la de buses y el barrio del Taj. Este último es como cualquier barrio destinado al turismo. Restaurantes, tiendas de chorrdas y hostales. Ahora estamos a la espera de coger un bus que nos lleve a Risikesh. Otra ciudad que repito y de la que en próximas entregas contare lo sucedido.

lunes, 17 de enero de 2011

KHAJURAHO: Laciudad del tantra.


ATARDECER EN KHAJURAHO.


TEMPLO EN EL SUR DE LA CIUDAD.


COJUNTO DE TEMPLOS DE LA SECCION OCCIDENTAL.

Khajurajo es una pequeña ciudad de poco más de veinte mil habitantes que se encuentra en uno de los estados centrales de la India. No tiene costa ni frontera con ningún otro país. Es un centro turístico, tanto nacional como extranjero, debido a los templos tantricos que se conservan, gracias a una restauración, en buen estado. Las escenas eróticas de estos templos son curiosas y explicitas y pueden activar determinados resortes de mentes calenturientas.

El tiempo aquí ha sido excelente. Días soleados y apenas frío por la noche. Aunque se podría haber disfrutado muchísimo mas de la estancia en este pequeño pueblo sino fuese por los vendedores locales y los camellos. Estas gentes, aparte de insistentes como en el resto de la India, me han resultado agresivos, muy agresivos. Da la impresión de que se cabrean sino les compras algo o si no vas a su tienda. No paran de preguntar por que no siempre que les respondes negativamente a sus ofertas. Otros pasan de largo, pero yo, inútil y estúpidamente, me paro y les explico que no quiero nada, que no voy a comprar nada y no lo entienden. No entra dentro de sus cabezas. Le he dado muchas vueltas, porque me han hecho sentir mal y me han robado la energía, he llegado a odiar atravesar la calle principal para ir a cualquier lado, y de todo esto, la única conclusión a la que he llegado es que esta gente no sabe. Al parecer el 80% de la población se dedica a trabajar en el campo y los que no lo hacen, trabajan para comerciantes que vinieron de fuera de la ciudad para abrir los negocios de turismo occidental. Y no saben... no tienen ni idea de como tratar a los extranjeros. A diferencia de otros lugares como Pushkar o Risikesh, que si que saben tratar al turista extranjero. No dejan de ser insistentes, pero son mucho más calmados y prácticos.

Pero no todo ha sido tan malo. El pueblo merece la pena y los templos se encuentran en buen estado de conservación, solo hay que armarse de paciencia y tomárselo con toda la calma que uno pueda. El primer día no hicimos gran cosa. Fue cuando descubrimos la calidad humana de estas gentes. Nos fuimos pronto a acostarnos y disfrutamos de la tranquilidad y de la ausencia de ruido que había en la guest-house. El segundo día nos alquilamos unas bicicletas y estuvimos dando vueltas por los templos alejados y por las aldeas cercanas con un día cojonudo que invitaba a ir en camiseta sin más preocupaciones. Las bicis, unos trastos más antiguos que la vida misma, eran las adecuadas para el terreno llano de la zona. El paseo fue agradable, excepto en los templos. Hay, en cada uno de ellos, hay un grupo de gente esperando para venderte cosas con la misma insistencia que arriba he contado y gente que directamente te pedía dinero. Por las aldeas, lo típico, lo niños pidiendo cokies, biscuits, bolígrafos... y alguno que otro rupies. Y la culpa de todo esto la tienen los turistas. Los niños no necesitan nada de esto, pero como en un algún momento aparecieron algunos turistas que se lo dieron se creen que todos lo hacemos y enseguida te piden.

No quiero que mi visión negativa de Khajuraho influya en nadie. Si alguien tiene pensado venir que venga... quizás el o ella encuentre lo que yo no he encontrado en el lugar. La visión de cada uno es la que vamos a tener y es la única que importa. Pero como otros lugares de la India, una vez que los he visto... no pienso volver.

VARANASI #2: Dias soleados


ATARDECER EN VARANASI.


PARONAMICA DE LOS GATHS.



CALLE DE LA CIUDAD VIEJA DE VARANASI.

Después de varios días de mal tiempo, en los dos últimos días que estuvimos en Varanasi pudimos disfrutar del calor y de unos días soleados. Por fin, tras la ausencia de Delhi y de los primeros días en Varanasi pudimos disfrutar del atardecer. Desde Risikesh se convirtió en una especie de obsesión ir a fotografiar los atardeceres desde los lugares más bellos... y ya lo echaba de menos.

Sobre Varanasi poco mas que contar que lo contado en el post anterior. La música en las calles, las pujas al río, los reencuentros con los buenos amigos conocidos en el viaje y poco más. El encanto de esta ciudad es grandioso, es ese encanto de la ciudades que hace tiempo que entraron en decadencia y tratan de conservar su esencia pese a la amenaza de la modernidad. La espiritualidad se mezcla con el turismo, y eso es lo que la ha destrozado. Por los gaths miles de ganchos que hacen todo lo que pueden para llevarte a su terreno o venderte drogas. Algunos lo hacen casi coaccionándote o amenazándote, probablemente sean yonkis, porque en India también hay yonkis, que están deseosos de venderte algo para obtener su ración. Aunque también los hay que, simplemente, hacen lo que pueden para sobrevivir y, no lo olvidemos, para ellos nosotros no dejamos de ser un billete de euros con patas. Como me dijo un hombre en uno de los mucho buses que he pillado, se nota que no tienes pasta, pero el cambio de divisa te favorece mucho y eso en India todo el mundo lo sabe.

Me supo a poco tiempo mi estancia en la ciudad sagrada del Ganga, se que volveré y estaré hasta que la ciudad me expulse. No se cuando llegara ese momento, pero doy por echo que sucederá. Lo ultimo que quiero decir es que en Varanasi intentar contar cometas en una tarde despejada es como intentar contar estrellas en una noche despejada.

jueves, 13 de enero de 2011

SARNATH: Budismo y visita del Dalai-lama.


CAPILLA DE UNO DE LOS TEMPLOS BUDISTAS DE SARNATH.



CURIOSO TEMPLO HINDU DEDICADO A LO QUE PARECE SER "LA MUERTE". ES UNA SUPOSICION, COMO ES LOGICO, NO ENTIENDO EL CARTEL


MERCADO DE ARTESANIA TIBETANO.

A unos doce kilómetros de Varanasi se encuentra Sarnath. Una pequeña aldea que se hizo famosa por ser el primer lugar que Buda dio su discurso después de que descubriese la tercera vía. Es un pequeño pueblo donde los templos hindúes conviven con los budistas y donde se encuentra una de las comunidades Tibetanas más importantes de la India. Debido a su proximidad con Varanasi la visita se puede hacer en un solo día.

La principal diferencia con Varanasi es la ausencia de ruido. Es un lugar relajante al que se puede uno escapar para evadirse de la congestión y del ruido de Varanasi. Para ir hasta Sarnath se formo un improvisado grupo de desconocidos, los cuales compartimos un tuc-tuc. El día, después de varios días de niebla y frío, fue muy agradecido. El sol brillaba y pudimos desprendernos de toda la ropa de abrigo y quedarnos en manga corta. Algo que, después de casi un mes en el sur, se agradeció bastante.

El principal atractivo de Sarnath en estas fechas es que el Dalai-lama ha venido a dar unas conferencias. El pueblo se encuentra repleto de gentes del Tibet, Nepal y Bután. Da la impresión de que estas en otro país. La diferencia más notable entre estas gentes y los indios, es que los primeros no son tan insistentes y cansinos como los segundos a la hora de venderte cosas. Se puede pasear por el mercado de artesanías que se había montado sin que nadie insistiese en venderte todo de cualquier manera como suele pasar con los lugares indios. Los puestos de comida callejera también eran de comidas de estos países.

Por otro lado, antes de acercarnos al lugar donde se concentraba el mercado y donde el Dalai-lama iba a dar las conferencias estuvimos paseando por la aldea. Se vuelve a percibir cierta autenticidad, aunque odio este debate entre lo autentico y lo no autentico cuando se habla de la India. Al pasear la gente miraba sorprendía y era difícil comunicarse con ellos debido a su nivel de ingles. Los niños no piden nada más que les hagas fotos y la gente pasa el tiempo tranquilamente en sus quehaceres sin preocuparse demasiado por el turista que esta paseando cerca de su casa. Después de varios días en Varanasi, donde la insistencia de los comerciantes, como en otos lugares turísticos de la India, puede llegar a desesperar a uno, se agradecido este pequeño remanso de paz entorno al budismo.

Para terminar, sobre la visita del Dalai-lama poco que contar. Para entrar en las conferencias había que registrarse y a mi no me apetecía. De los cinco que vinimos solo una quiso entrar dentro porque le interesaba. Me parece bien. Los demás nos quedamos paseando y comiendo por la zona. Según nos contó mas tarde la conferencia iba sobre el odio. Y según me lo contó, no pude sino recordar el ultimo libro que me he leído en la India. El Shantamaran de Gregory David Roberts. Libro muy recomendable.

El viaje sigue... Hoy, otra vez en Varanasi, salimos para Kajurajo. Lugar donde se encuentran los templos del Kamasutra... ya contaré.