Adentrarse en un diario
siempre puede resultar peligroso. Son las entrañas de la vida de ese escritor,
ese personaje que admiramos en una forma u otra. Luego llegan las constataciones,
descubrir el porqué de esa poética de ese estilo: ahora sé que estas notas de diario no se cuentan por sus
descubrimientos explícitos, sino por la rendija que abren sobre la manera de
ser que tengo inconscientemente. Así, todo en él apunta en dos direcciones
que pueden ser una: el suicidio. Su pasión por la vida en todas sus consecuencias,
por un lado, y, por otro, su misoginia (no
se huye del propio carácter: misógino eras y misógino sigues siendo) provocada
por una incapacidad para amar, para retener a una mujer a su lado. Para solucionar,
siempre parcialmente, los dolores de la vida: la literatura es una defensa contra las ofensas de la vida. Entonces
así en él, toda su poética, también su estilo, funcionan como un reflejo del
desenlace de su historia, de la parte real que el escritor acabo ejecutando: la idea de suicidio era una protesta de
vida. ¡Qué muerte no querer morirse! Al final, ya se sabe, la muerte le
llego en esa forma.